LO QUE HAY

«¿Y entonces quién nos defiende?»

Con esta frase me tuiteó un señora, como contestación a un artículo mío en el que culpaba por igual a los independentistas y al gobierno de Rajoy por el problema de Cataluña.

Visto lo visto, señora, esperar que Mariano Rajoy defendiera a los catalanes no independentistas fue una vana ilusión. Y hay varias razones, ya sabidas, para ello.

Nunca, nunca, la represión es un buen camino para luchar contra causas emocionales tan relevantes como el independentismo. Tanto los errores de Rajoy como las actuaciones de la Fiscalía General del Estado, así como la aplicación inventada del artículo 155 de nuestra Constitución, se han revelado como una secuencia de meteduras de pata que sólo han servido para calentar aún más los ánimos de la práctica mitad de los catalanes.

Tiempo de sobra tuvo Rajoy para dialogar con el Govern de la Generalitat y para intentar llegar a acuerdos capaces de pacificar suficientemente el ambiente. Pero no. En una manifestación típica de la más dura de las derechas, Rajoy ha pasado años haciendo luz de gas a los independentistas, mientras estos se iban fortaleciendo en sus planes de secesión.

Como escribí no hace mucho, la calidad estratégica de los independentistas catalanes -aunque no comparto en absoluto sus fines- ha resultado infinitamente superior en inteligencia y habilidades tácticas a la mediocridad que ha demostrado el PP ante semejante desafío político.

Las fotos de los Cuerpos de Seguridad del Estado apaleando a pseudovontantes del pasado 1 de Octubre dieron la vuelta al mundo, aportando una campaña publicitaria impagable que favoreció al independentismo. De hecho, a media mañana de ese día, cuando el gobierno central fue consciente de que estaba equivocándose gravemente, dio la orden de suspender los golpes, aunque el referéndum ful continuara.

¿Por qué atacaron los policías y la Guardia Civil? ¿Por qué dejaron de hacerlo?
Fue un reconocimiento del error cuando este ya no tenia remedio.

De igual manera, la actuación de la judicatura -a instancias de una fiscalía que sí dependía del gobierno- ha dado pié a interpretaciones políticas con las que los independentistas han conseguido metas de inusitado alcance: tener «mártires», en forma de dirigentes políticos y sociales catalanes encarcelados. Más leña a un fuego realmente difícil de apagar.

Y la respuesta social de una gran parte de los catalanes no se ha hecho esperar: los independentistas han vuelto a conseguir mayoría absoluta en el Parlament; el PP se ha estrellado radicalmente en Cataluña, perdiendo incluso la posibilidad de formar grupo parlamentario propio; y los votos de los catalanes que se niegan a que Cataluña se separe de España, se han ido mayoritariamente a Ciudadanos, el partido de la derecha, autentico competidor del PP. Peor imposible, como resultado de la aplicación del 155.

Mientras tanto, hoy mismo, en una videoconferencia de Puigdemont -al que su cobarde mutis por el foro belga no ha perjudicado en absoluto, sino todo lo contrario- mantenida con sus correligionarios en Cataluña, el expresidente ha manifestado entre risas: «España tiene un pollo de cojones».

Como ve usted, señora, no hay quien la defienda. Y si fuera usted consecuente, demandaría de inmediato la dimisión de un Mariano Rajoy que ha resultado inútil y estúpido ante un problema político de gran calado que no ha sabido resolver. Pero este no es un país avanzado moral ni políticamente. Aquí no hay honor suficiente y por eso no dimite nadie.

Estándar
LO QUE HAY

Por desear que no quede

Nos acercamos a un nuevo año y partimos de este que acaba y es para olvidar. Razón más que suficiente para, aún manteniéndome en mi natural ingenuidad, atiborrarme de buenos deseos en la confianza de que alguno se cumpla.

Creo que es de justicia que mi primer deseo vaya destinado a los que sufren, sean mujeres que soportan violencia de género, conciudadanos que viven en la miseria y no pueden ni calentarse, trabajadores que no salen de pobres con su escaso salario, enfermos dependientes y sus sacrificados cuidadores, a la vez que toda aquella persona que padece por sí misma o a causa de las malas prácticas de otros. Para todos ellos y ellas, mi anhelo de que su vida mejore sensiblemente.

Para que este primer deseo se haga realidad, hará falta que manifieste otro sin el cual nada será posible: que la justicia social, esa que depende de los gobernantes, de los jerarcas económicos y mediáticos, del poder judicial y de tantos otros que tienen en sus manos la vida de los demás, cambie lo suficiente para que la desigualdad vaya desapareciendo. Y si no cambia, que los ciudadanos nos armemos de valor y montemos un sindios que haga temblar los falsos cimientos de este fallido país, infectado de aluminosis mental.

Y entre mis deseos para el próximo año, no puede faltar que lo de Cataluña se arrege lo suficiente para que todos, ellos y nosotros, todos juntos, recuperemos una convivencia que ha entrado en la crisis más profunda que recordamos desde que recuperamos la democracia. Una locura sin fin que nos recuerda que además de dos Españas existen dos Cataluñas.

Aunque conforme voy avanzando en mi lista de deseos, tengo la impresión de me voy adentrando en el terreno de lo imposible. Porque desear que acabe de una vez el neoliberalisno político y económico -lo que viene a ser lo mismo- que tantas desgracias está trayendo al ser humano por todo el mundo, reconozco que es rayar en lo utópico. Pero qué sería de nosotros si no tuviéramos utopías a las que aferrarnos en tantos momentos de desesperación.

Un neoliberalismo al que se le pueden achacar males tan graves como el negacionismo creciente, en todos los ámbitos relevantes de la civilización, o una decadencia del pensamiento ciudadano que puede fácilmente llevarnos al fracaso colectivo. Que acabe pues cuando antes.

Grosso modo creo haberlo deseado todo, al menos lo más importante, aunque me falta esa aspiración que no puede faltar por estas fechas. Paz y amor para familiares, amigos y amigas -físicos o virtuales- y, por supuesto, a toda aquella persona que me hace el honor de leerme.

Feliz año nuevo pues, que buena falta nos hace. Nos vemos en Enero.

Estándar
LO QUE HAY

El juicio de los ERE, examen final

En pocos días va a comenzar en Andalucía unos de los juicios más importantes y mediáticos por su perfil político, en el que se juegan su futuro los expresidentes autonómicos Chaves y Griñán.

Por este motivo y otros varios más, creo que hoy me voy a meter en un jardín que me puede costar más de un amigo y bastantes lectores, pero si no lo escribo reviento. Máxime cuando uno se declara de izquierdas y no le hace demasiados ascos al PSOE.

Pero lo que está a punto de acontecer en Andalucía no es sino el colofón de décadas de unos gobiernos socialdemócratas, que habiendo tenido tiempo más que suficiente, han resultado tremendamente fallidos e ineficaces, dados más al clientelismo -necesario para tapar la miseria de la que no han sido capaces de sacar a su tierra y seguir consiguiendo votos para mantenerse en el machito- que al necesario avance de una región endémicamente pobre y subdesarrollada.

40 años -esa cifra maldita en nuestra historia- de gobierno socialista son muchos y más que suficientes para que en Andalucía se hubiera construido un tejido productivo necesario para el trabajo digno de sus ciudadanos y para homologarse con la mayoría del resto de las autonomías españolas.

Pero no. Nada más lejos de la realidad. Mucha izquierda y mucha zarandaja para nada. No se ha creado industria suficiente. El I+D+i andaluz brilla por su ausencia. La tierra sigue sin ser para el que la trabaja -¡menudo socialismo!- y la derecha más insultante, nacional e internacional, campa allí a sus anchas, junto a otros turistas más torremolineros, utilizando unas lujosas estructuras turísticas atendidas por andaluces mal pagados.

Este y no otro es el lamentable resultado de tantos años de gobierno de un partido que va a pasar sus exámenes, siendo históricamente la comunidad autónoma con mayor índice de paro -junto a Extremadura, otra que tal anda- y viendo como sus dos últimos expresidentes se van a sentar en el banquillo para responder de chapuceras corruptelas y de otras mejor organizadas, que no supieron o no quisieron ver.

Un examen, que en caso de condena, va a resultar una evaluación final, impropia para un partido que se dice de izquierdas y que cada día nos defrauda más a los que creemos que el desarrollo es el resultado de la voluntad política y de la complicidad de los pueblos; a los que defendemos la justicia social y a los que, inocentemente, creemos que el socialismo consiste en repartir la riqueza.

Estándar
LO QUE HAY

Maldita equidistancia

El auto del juez instructor del Supremo, Pablo LLarena, que mantiene en prisión provisional al exvicepresidente del Govern Oriol Junqueras, al exconseller de Interior Joaquim Forn y a los Jordis, irrumpe en campaña como elefante en cacharrería, con la temida consecuencia de que la situación de «martirio» de los citados caliente aún más a los independentistas ante las próximas elecciones autonómicas de Cataluña.

Un auto que a pocas horas de ser dictado ya ha polarizado la campaña, dando aire a los partidos constitucionalistas de la derecha, que ya han manifestado su conformidad con la decisión judicial al grito de se lo merecen. Ciudadanos -con Albert Rivera erigiéndose en adalid contra el nacionalismo, incluso hasta romper el difícil equilibrio vasco- y PP, con un García Albiol totalmente desatado en su postura más ultraderechista,

Mientras en el lado contrario, el del independentismo, y tras unos primeros momentos de angustia y descoloque, ya crecen las voces de los que se les llena la boca con la palabra fascistas mientras se preparan nuevas manifestaciones en la calle a favor de los que consideran presos políticos, que bien parece que lo son, olvidando que el caradura de Carles Puigdemont les ha hecho luz de gas.

Y en medio, en su más pura soledad, Miquel Iceta, sensato e inteligente líder del Partido Socialista de Cataluña, acata pero nos recuerda que nadie debería estar en la cárcel por el monotema. Ese lío catalán que todo lo encubre, dejando al país carente de otra información relevante y al gobierno central con las manos libres para seguir con sus desaguisados o con su inacción más lamentable.

Todo ello ante el silencio infantil de Pedro Sánchez, el constante desbarate de Pablo Iglesias -que no de sus más hábiles y sensatos compañeros-, la mareante indecisión de los Comunes o las tonterías habituales de declama Mariano Rajoy, entre las que cabe destacar sus recientes declaraciones con las que decía no comprender por qué su calle de Pontevedra tenía que cambiar de nombre, manifestándose clara y prevaricadoramente contra la Ley de Memoria Histórica y permitiendo abiertamente que se le vea el plumero.

Así, entre unos y otros, entre los que sacan al balcón desafiantes banderas de los dos lados, los ciudadanos debemos posicionarnos porque no es de recibo que mantengamos la habitual abulia política de tantos y tantos ciudadanos españoles. Menos todavía cuando nuestro país atraviesa múltiples crisis -social, económica, política, territorial y constitucional- que nos afectan a todos y contra las que deberíamos pactar unos mínimos esfuerzos de consenso para salir de esta.

En mi opinión, se hace más necesario que nunca que la Constitución Española se revise hasta el extremo de actualizarla a los tiempos que corren, reflejar con mayor nitidez los derechos fundamentales de los españoles y admitir con claridad que la diversidad de nuestras regiones -cada vez más calientes por su injusta financiación- sólo tendrá un futuro viable de convivencia si se implanta de una vez el modelo federal. Y si es bajo el sistema de república, mejor que mejor, que ya es hora de adaptarse a los tiempos.

El modelo federal -por si acaso aún es necesario explicarlo- da la vuelta totalmente a las interdependencias entre el gobierno central y los autonómicos, cambiando drásticamente el actual modelo de poder de arriba a abajo, al más conveniente y acorde a la democracia y a una fiscalidad justa de abajo a arriba. Sólo así se reconoce la soberanía de la ciudadanía. Sólo así el Estado sería más proclive al servicio a los ciudadanos. Sólo así los políticos estarían más cerca de ser auténticos servidores de la población, a quien debe sus puestos y les paga el salario.

Una Federación en la que las autonomías lo fueran realmente y se hicieran cargo del cobro de los impuestos, pagando al Estado los gastos generales compartidos por todos. Alemania o EE.UU., entre otros, así lo hacen y no parecen precisamente modelo de países revolucionarios ni bananeros.

Y más bla, bla, bla posibles y bienintencionados. Maldita equidistancia que no permite limar las garras de las dos bestias enfrentadas.

Estándar
LO QUE HAY

Maestros

Hoy, Día del Maestro en España, es un buen día como otro cualquiera para recordar y reconocer a toda esa ingente cantidad de personas que han pasado por mi vida, para ayudarme a aprender, a conocer e, incluso a ser crítico, asunto este último que en tiempos de mi infancia y mi adolescencia no era un asunto común.

De maestros titulados, de esos de la escuela, sólo tengo buenos recuerdos cuando mi padre decidió cambiarme de colegio. Así, migré de los Maristas -donde no hacía carrera, me rebelé y me revelé como agnóstico a los once años, algo que supe más tarde, siendo invitado a abandonar el centro- a un centro seglar del barrio, en el que curiosamente la mayor de los profesores eran antiguos republicanos.

D. Antonio, que me pegó una hostia de campeonato el día que me pilló falsificando las notas, y que vino personalmente a mi casa a decirme que había aprobado la reválida de cuarto, un gran tipo de una rectitud y honestidad indestructibles; D. Francisco, que nos enseñó la Historia según el libro de texto, pero contándonos simultáneamente esas cosas recientes que todo el mundo intentaba ocultar, como el golpe de Estado de Franco, los intereses del Cid, mercenario de pro, y otras movidas desmitificadoras por el estilo, antes de salir huyendo a Canadá por persecución política; o el profesor de francés, López Rubio, que nos enseñaba la lengua incluyendo discos de George Brassens para nuestros ejercicios de traducción, antes de ser encarcelado por motivos políticos; incluso D. Pelegrín, cuyo castigo por suspender matemáticas consistió en hacerme ir a la facultad con él -casi todas las tardes del verano y de paquete en su Vespa- para ayudarle en los cálculos de su tesis doctoral, haciéndome manejar una calculadora mecánica, muy grande y compleja.

Grandes recuerdos y un gran agradecimiento que siempre están presentes en mi ánimo, en forma de veneración a maestros como aquellos, que no sólo me soportaron -que ya era bastante- sino que fueron capaces de reconducir mi natural curiosidad, mi agotadora energía y mi rebeldía sin causa.

Pero a lo largo de la vida, si uno está dispuesto a escuchar -por mucho que le cueste- aparecen otros maestros que siguen moldeando conocimientos, habilidades y actitudes, tanto en lo personal como en lo profesional, demostrando una vez más que no sabemos nada y que hay que seguir formándose hasta la muerte.

Así, mi profesora de psicología en la carrera de Técnico de Publicidad, que viéndome perdido -acababa de dejar la música, vuelto de Barcelona y horrorizado por el paletismo que imperaba entonces en Valencia- me pidió que le ayudara a corregir test de niños especiales, de los que ella se ocupaba en otros horarios de su jornada; o Alfredo Benavent, que mejoró sensiblemente mi formación publicitaria y al que reconozco como el gran maestro que me inculcó la pasión por esta profesión en un entorno ético y en una agencia -Publipress- en la que la izquierda estaba representada por personajes tan inolvidables como Vicent Ventura, Andreu Alfaro o Francesc Jarque que formaban parte del comité de dirección de la agencia; Al igual que Salvador Pedreño, mítico cofundador de la mejor agencia de los pasado años 80, RCP, que me dió un par de vueltas mentales y reordenó mis ideas al tiempo que las modernizaba; hasta Andrés Fernández Romero -creo que ese era su nombre- que con sus cursos de Planificación Estratégica, me dio el último empujón para convertir la comunicación en una disciplina mucho más digna, por su trascendencia en el éxito de las organizaciones, hasta el extremo de conseguir que mis clientes fueran auténticos directivos responsables de sus empresas, en vez de los habituales encargadillos de marketing de medio pelo.

Y como ya he contado en otras ocasiones, también es un buen día para recordar a mi madre, mi primera maestra, esa mujer que me enseñó a leer y a escribir -siempre con la ayuda de un periódico-, inculcándome además una pasión por leer y por escribir que todavía me acompaña, y que en tantas ocasiones he necesitado vomitar como profesor de comunicación en universidades y escuelas de negocios.

Celebremos, pues, el Día del Maestro como una efeméride de gran importancia, porque, en mayor o menor medida, los profesores y las profesoras han dejado huella en nuestras vidas y les debemos tanto que nunca seremos capaces de compensar semejante empeño.

Estándar
LO QUE HAY

Conmoción

Los recientes crímenes machistas habidos en Elda y en Alzira, una mujer tiroteada delante de su hijo en la puerta del colegio y una niña degollada como venganza contra la madre, respectivamente, nos han llevado a unos niveles máximos de conmoción y, lo que es peor, al descreimiento de las medidas actuales contra la violencia de género practicada por los hombres más desalmados.

Y es que hemos llegado a una situación ya crítica, ante una violencia machista que no solamente no decrece, sino que campa a sus anchas cada vez en mayor medida y con más furia.

No es de extrañar, pues, la estupefacción que se nota estos días, tanto en la ciudadanía, como en los políticos, policías, fiscales, jueces, periodistas o servidores sociales, que no dan crédito a que sus esfuerzos resulten baldíos, a pesar de las leyes, las especialidades profesionales o los medios -más bien escasos- destinados a la lucha contra semejante lacra social.

Resulta pues evidente que todas las medidas puestas en práctica hasta ahora están resultando bastante inútiles, al mismo nivel que se echa en falta una mayor «presión en toda la cancha» por parte de la sociedad y, fundamentalmente, de un gobierno que anda distraído con el asunto de Cataluña, mientras el país se desmorona entre crímenes de género, incremento de las desigualdades, bajada del salario medio, subida de los suministros y otros asuntos que nos están llevando a la ruina moral y económica.

Mientras tanto, resulta paradójico que encontremos más esfuerzo social en los activistas que en las fuerzas de seguridad o algunos jueces, quienes con sus tantas veces discrepantes medidas cautelares nos llevan al sonrojo, como en el caso de Elda, donde el asesino salió del juzgado y mató a tiros a su mujer, estando citado para el día siguiente.

Cierto es que a través de la educación de los niños -todavía por reformar de una manera crítica y social- y la concienciación de la sociedad, se podría avanzar en la prevención de la violencia machista, aunque sería a muy largo plazo. No hay más que observar el actual comportamiento violento de tantos adolescentes y jóvenes contra sus parejas, para comprender que la tarea que nos queda por delante va a ser ardua y lenta. Exasperadamente lenta.

Estándar
LO QUE HAY

Cegados por el odio

Escribo este post tan en caliente como la juez Lamela cuando ha dictado orden de prisión incondicional para los ex consellers del Govern de Catalunya que sí se han presentado ante ella, esta mañana a primera hora.

Una orden que traerá aún más odio entre bandos y que no hace sino echar más leña a la llama del independentismo.

Todo ello, a diferencia del comportamiento del magistrado del Tribunal Supremo, que siendo consciente de la premura conque fue comunicada a los investigados -ayer por la mañana y sin cumplir las 24 horas de rigor-, no ha tenido inconveniente en aplazar la comparecencia de los imputados cuyo comportamiento legal le corresponden instruir, con el fin de que los correspondientes abogados defensores puedan preparar sus estrategias y razones.

Así, a partir de esa querella claramente ful, cuyo título «Más dura será la caída» ca usavergüenza a los que defendemos la ley y el Estado de Derecho, queda una vez más demostrado que los o las jueces politizados se comportan en consonancia con el gobierno del PP, cuyo mal uso del poder, su escasa inteligencia política, su carencia de la más mínima noción de la psicología de masas o la cerrazón con la que el odio esté cegando su proceder, nos van a llevar a tiempos aún peores. De igual manera que la jueza se ha pasado por el forro de la toga las cuestiones hunanitarias que pudieran acaecer a los ahora encarcelados, pues ni siquiera se ha interesado por conocer las circunstancias familiares, personas a cargo u otras necesidades que ahora quedarán al pairo con la urgente entrada en prisión de los instruidos.

Hoy, hemos encontrado una vez más la paradoja de que la Ley no es interpretada de igual manera por la judicatura. Ni siquiera en asuntos tan delicados como el que estos días nos ocupa, tras la declaración de independencia en Cataluña: el comportamiento profesional y sensato de la magistratura del Supremo o la violencia legalista de una juez de la Audiencia Nacional, que ya hace años debió ser cerrada, aunque sólo fuera porque es herencia del represor y franquista Tribunal de Orden Público.

Se me dirá que la huida a Bruselas de Puigdemont y algunos de los suyos, se cargaba de un plumazo la posibilidad de que la juez Lamela no dictara medidas preventivas de tanto calibre ante el un demostrado riesgo de fuga. Pero eso será olvidando que la ley no puede aplicar medida alguna sobre un sujeto por el comportamiento de otro. Queda así la orden de búsqueda y captura de Puigdemont y los ex consellers que andan por ahí con él, como la única medida razonable que hoy ha dictado la jueza instructora que conoce del caso, por incumplir el requerimiento judicial de presentarse en la Audiencia.

Todo esto es razón -que no la hay- para hoy y más odio para mañana. Más independentistas producidos por la fábrica de Rajoy. Más motivos para que las próximas elecciones del 21D puedan suponer una nueva derrota, quizás más abultada, de los partidos constitucionalistas. A no ser que a D. Mariano le importe una higa, mientras él y su partido anden calientes. Y es que esto lo vamos a pagar, una vez más, los de siempre. O sea, la mayoría de los españoles.

Estándar
LO QUE HAY

¡Peligro, peperos sueltos!

Se avisa a la ciudadanía en general de que los peperos andan sueltos y envalentonados, tras su aparente triunfo al aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución Española.

Se recuerda a los españoles, a todos los españoles, que cuando los peperos andan sueltos, si te pillan no sueltan presa. Traen el hambre de imposición de sus ideas que han acumulado durante años, a pesar de que algún bocado ya han dado con los recortes económicos y de libertades, en medio de la carroña que intentan enterrar sus miembros corruptos.

Sí, nuevos peligros nos acechan tras excitar la jauría a la caza de más libertades y derechos aparentemente consolidados, como el Estado de las Autonomías o la libertad de los partidos políticos que no son de su agrado.

Enloquecidos con el sabor de la sangre derramada el pasado 1 de Octubre en Cataluña, pretenden ahora cargarse a todo bicho viviente que no practique el pensamiento único o que no se pliegue a sus deseos más retrógados y centralistas.

Aúllan, más que ladran, demandando la ilegalización de toda organización nacionalista presente en cualquier parte del Estado; pidiendo que el 155 llegue también a otras comunidades autónomas en las que no consiguen gobernar o imponer sus ideas; persiguiendo, como siempre, sus propios intereses, por mucho que la pobreza, la desigualdad y el deterioro de los servicios públicos demuestren su egoísmo e ineficacia política y administrativa.

Aprovechan, además, que la izquierda anda bastante perdida, sin ideas que nos ilusionen, en medio de la histórica y permanente división que la caracteriza.

Y puestos a seguir haciendo sangre, sueltan a sus fiscales y jueces más adeptos para que resuelvan a su gusto lo que como políticos son incapaces de solventar.

Así que no nos sorprendamos de las atrocidades de la manada. El cartel ya está puesto para avisarnos: ¡Peligro, peperos sueltos!

Estándar
LO QUE HAY

Y mientras tanto…

…la casa sin barrer. Un viejo refrán que refleja perfectamente hasta que extremo el monotema catalán está provocando la más absoluta inacción en los dos gobiernos en liza.

La violencia de género sigue campando a sus anchas; los pirómanos -esta vez sin metáforas- están destruyendo los bosques de Galicia y de Asturias, muertos incluidos; los Presupuestos Generales del Estado siguen paralizados por falta de un consenso suficiente; las pensiones se mantienen en el aire sin una solución que aporte seguridad a los jubilados; la Sanidad, la Educación y la Dependencia permanecen en «stand by», sin que nadie se preocupe de resolver de una vez estos servicios recortados y en difícil situación. Y así hasta recorrer todas las actuaciones políticas necesarias que ahora brillan por su ausencia.

Porque lo que toca ahora es mantener el machito en pos de los más deleznables réditos electorales. Esos que se consiguen pasando olímpicamente de la mayoría de los ciudadanos.

Parece mentira que Puigdemont y muchos de sus compañeros del PdCtat no sean conscientes de su extracción social: la burguesía catalana. Una clase social creada hace siglos con la intención de obtener riqueza a costa de lo que sea, incluyendo muchas veces la xenofobia o los delitos económicos. Una burguesía que siempre ha dejado tirados a sus conciudadanos más «heróicos», abandonándolos a su suerte cuando las cartas no les son propicias.

Como también resulta increíble que Rajoy mantenga su habitual pachorra, sólo interrumpida cuando su derechismo le mueve a la violencia o a la imposición de las ideas, seguramente hechizado por las manifestaciones conservadoras y chuscas o por el cantautor del nacionalismo español: Manolo Escobar y su ¡Que viva España! Votos, sólo votos es lo que busca entre los suyos y los que se apunten a la nación cavernaria.

Al igual que su socio Albert Rivera, al que se le hace el trasero gaseosa ante la posibilidad de que su Cataluña malquerida sea humillada y de que, en medio, de tanto dolor de todos los españoles, su partido pueda ganar en la tierra que le vio nacer.

Toda una parálisis del Estado que se manifiesta durante ya mucho tiempo. Y el que queda. Este y no otro es el resultado de que dos pandillas de descerebrados, independentistas y centralistas, sigan practicando el manido tópico de «Cuanto peor, mejor» que tanto daño está haciendo ante la perplejidad de los sensatos.

Estándar
LO QUE HAY

El poder de las fotos

Han tenido que ser las fotografías de las terribles cargas policiales de ayer en Cataluña, las que hayan dejado en el más absoluto ridículo internacional al gobierno de Mariano Rajoy, así como perjudicado la imagen de unos cuerpos de seguridad del Estado que tanto trabajo han realizado para servir en democracia y abandonar -al menos aparentemente- viejas costumbres de violencia de un pasado que no queremos revivir.

Ninguna de las múltiples estupideces e ilegalidades cometidas por el Govern de Cataluña, justifica ni de lejos que ayer se utilizara tamaña represión policial ni tanta violencia para combatir un problema político, civil y pacífico, por mucho que nos duela la posibilidad de que los catalanes abandonen España y queramos evitarla.

De hecho, el dolor ajeno que sufrimos ayer tantos telespectadores ante los impropios palos de las fuerzas del orden a gente sólo armada con papeletas y urnas, ha sido capaz de que por fin reaccionen, tanto gran parte de los ciudadanos españoles hasta ahora callados, como las autoridades de la Unión Europea, de muchos de sus países socios e, incluso, de los ahora bárbaros EE.UU. Sí bárbaros, porque esa es la imagen que ejemplifica Trump, como Rajoy aquí, aunque no todos los ciudadanos seamos de esa cuerda.

Y esa reacción nacional e internacional, debida como tantas otras veces al poder de unas fotos, se ha vuelto inexorablemente contra Rajoy, quien ha quedado como gran perdedor de un reto que nunca supo gestionar, y al que hoy se le reprocha desde dentro y desde fuera su inutilidad y su comportamiento, al tiempo que se le exige una solución pactada de inmediato. Tal es el miedo que producen los grandes disturbios que son malos para los negocios (léase convivencia).

Como prueba del daño producido al gobierno del PP por las fotos de las cargas en Cataluña, publicadas de inmediato en emplazamientos relevantes de los principales medios mundiales, basta que todos conozcamos la instrucción de repliegue de las fuerzas del orden, dictada por el Ministerio del Interior a partir del mediodía de ayer.

Poco me consuela haber formado parte de los muchos que avisamos a través de nuestros escritos, de que la represión no iba a ser una solución adecuada, sino más bien un doloroso culatazo en el hombro del represor.

Rajoy, al igual que los botarates que han llevado a Cataluña a un camino de dudoso retorno, debe desaparecer lo antes posible de nuestras vidas. España no se puede permitir estar gobernada por semejante inútil, que ha preferido la violencia a una política que no sabe practicar.

Estándar