LA YENKA

María Cristina nos quiere gobernar

DERECHA. Me bailo hoy una Yenka con una rubia de bote: Cristina Cifuentes, que ha tenido el morro de renunciar a su máster sospechosamente obtenido, con tal de que su prurito político se limpie de una mancha imposible. Esta señora es capaz de ensuciar todo lo que haya a su alrededor con tal de salir airosa. Pero sólo se engaña a sí misma, como a los que se dejan con tal de mantener sus intereses. Por cierto, será licenciada en derecho, pero no es consciente que que no se puede renunciar a un título académico obtenido. A no ser que sea ful, claro.

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LO QUE HAY

Debilidades de España

Quién conozca la historia de los países del Mediterráneo, pioneros en su día de tantos avances en el pensamiento, en la ciencia y en el comercio, se sentirá frustrado seguramente por la enorme decadencia a la que hoy están sometidas estas naciones, entre las que últimamente destaca España por su voluntad política de arruinar a la mayoría de sus ciudadanos y de someterlos, una vez más, a una época de atraso de la que mucho nos costará salir.

Y es que España es un país condenado al ostracismo perpetuo, liderado por unos gobiernos incapaces de remozarlo de una vez por todas. Siglo tras siglo.

Que nadie se lleve a engaño con la época imperial de España, que jamás fue utilizada para que aquí dentro reinara la justicia, la igualdad y el progreso. Muy al contrario del resto de países europeos, que aun siendo también invasores, ladrones y asesinos, derivaron gran parte de la riqueza generada en sus botines de guerra para avanzar hacia la modernidad.

Seguramente, nuestra principal debilidad radica en que la hoy alabada diversidad cultural de los territorios que conforman nuestro Estado, fue el resultado de una unión a la fuerza de aquellos pequeños reinos que nada tenían en común, ni ganas de tenerlo. Y esa unión a la fuerza, estalla periódicamente como no podría ser de otra manera, porque nadie ha sido capaz -desde la corona absolutista o desde los gobiernos civiles- de armonizar una idea común que ilusionara y diera cobijo a todos los españoles.

Otra debilidad, aún sin resolver, es la enorme diferencia existente entre la calidad cultural y la riqueza generada de las diversas regiones -hoy comunidades autónomas- que conforman España. Por ejemplo, Extremadura o Andalucía fueron pobres y pobres siguen, mientras el País Vasco o Cataluña, fueron siempre adalides del progreso y del bienestar de sus ciudadanos.

También es conveniente recordar que en España la libertad jamás fue ni es un valor compartido entre gobernantes y ciudadanos. Cada vez que el pueblo español ha optado por practicar la libertad -para ser más iguales, luchar juntos para avanzar o quitarnos el pelo de la dehesa- siempre ha habido poderes políticos con la fuerza suficiente para castrarla. Y aún seguimos así, por mucho que a este simulacro de libertad lo llamemos democracia y se nos llene la boca con las bondades de la transición.

Y no olvidemos el carácter reaccionario y mezquino que impera en la sociedad española, en la que los éxitos propios, los avances tecnológicos o los reconocimientos internacionales de nuestras ideas, son castigados con la envidia y el cainismo.

Aunque, por ir acortando, nuestra principal debilidad coincide con el máximo punto fuerte de nuestra historia reciente: el turismo. Una industria, cuyo liderazgo internacional, nos ha convertido en conformistas, aceptando así que mientras haga sol y tengamos playas, el país obtendrá ingresos suficientes. Pero en este éxito se encuentra también nuestra condena. Porque no henos sentido el cohete en el trasero ni hemos sido capaces de encontrar las alternativas económicas necesarias para que España pudiera esgrimir otras realidades para progresar.

De la industria, ni se la ve ni se la espera. Millones de pymes y micropymes intentan, sin más exito que la supervivencia, sustituir a la gran industria, que aun estando presente en España, no es nuestra. Ni la que vino hasta aquí ni la que tuvimos que vender o cerrar por incapaces.

De aquellos atisbos de I+D+i, poco queda ya, en un país cuyos investigadores son castigados a la penuria o al exilio económico. Ni siquiera somos capaces de aprovechar ese sol que adoran nuestros visitantes ni esos vientos propios de nuestro carácter peninsular orientado a varios mares o de nuestra orografía, para generar nuestra propia energía, abaratando enormemente sus costes, consiguiendo una mayor autonomía energética y favoreciendo la riqueza de nuestras empresas y el bienestar de nuestros hogares.

La lista de nuestras debilidades, a poco que seamos honestos con nosotros mismos, sería mucho más larga. Sólo una más: los que, como yo, protestamos y maldecimos a nuestro país, nos merecemos seguramente que más de uno -o de una- nos pregunte con toda la mala leche qué hacemos aquí. Esa es nuestra gran debilidad, adorar España, a pesar de todo.

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LA YENKA

De antisemitas, nada

DERECHA. Me bailo hoy una Yenka al ritmo de “Si yo fuera rico”, con el embajador de Israel en España, que califica de antisemitas a quienes criticamos la nueva salvajada cometida por su ejército contra palestinos desarmados. No, señor embajador, no somos antisemitas, al menos yo. Simplemente somos críticos, mucho, contra su ultraderechista y genocida gobierno. Aquí sabemos mucho sobre eso de abrigarse con la bandera para tapar las vergüenzas propias. Así que no juegue con las palabras, que aún saldrá perdiendo.

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LO QUE HAY

Los Presupuestos más sociales

Durante la presentación de los Presupuestos Generales del Estado al Congreso de los Diputados, vuelve la cantinela de algunos ministros del PP, repetida cual mantra durante los últimos años: “Estos son los Presupuestos más sociales de la historia de la democracia”.

Evidentemente, para tal matraca se escudan en el porcentaje del PGE destinado al gasto social. Pero otra cosa es el destino del citado dinero y lo justo o injusto de las prioridades en su reparto.

Y es que con nuestro dinero, el gobierno central no para de hacer trampas o de cometer agravios sociales que indignan a los ciudadanos.

Con nuestro dinero, se están rescatando autopistas privadas, que una vez saneadas económicamente, volverán a ser privatizadas. Una sinvergonzonería similar a la compensación pagada, con régimen de urgencia, a la empresa propietaria de la fracasada plataforma Castor, haciéndonos a todos los ciudadanos corresponsables de la metedura de pata de una empresa mercantil que no es pública precisamente.

Con nuestro dinero, se destina una ingente cantidad de millones a un ejército que se encuentra, afortunadamente, en ausencia de amenazas bélicas contra España. Ni siquiera la falacia esgrimida con la excusa del yihadismo justifica esta inversión, pues es bien sabido que los ejércitos poco pueden hacer para afrontar esta clase de terrorismo.

Con nuestro dinero, se proyecta una subida salarial del 8% a los funcionarios durante tres años, lo que está muy bien para los agraciados pero produce un inmenso sonrojo para el resto de los trabajadores, que apenas ven incrementado su salario y se encuentran en medio de una precariedad que asusta.

Con nuestro dinero, además, se hacen trampas en el gasto, dejando de usar gran parte de las partidas ya aprobadas para lo que fueron creadas. El gasto de sólo un 30% del presupuesto de I+D+i durante 2017, además de una zorrería, es una condena para nuestro avance como país, condenado durante décadas al “que inventen ellos”. Todo ello dentro de una falaz presentación de partidas económicas en las que se consideran nuevas las no gastadas durante el ejercicio anterior.

Trampas en el gasto que incluyen el vaciado de la hucha de las pensiones para fines distintos al de su creación, como la autocompra de deuda pública, por ejemplo. Y así hasta la saciedad.

En cambio, con nuestro dinero, no se cumplen los compromisos sociales del Estado, saltándose a la torera leyes y normas si hace falta.

Así, se devalúan las pensiones -como ya se ha hecho con los salarios-, se mantiene bajo mínimos la sanidad pública o la educación, se deja sin dotación el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, al tiempo que se deja morir a ciudadanos que tienen derecho a ser atendidos según la Ley de la Dependencia, sin que les llegue ayuda alguna en vida, ni a ellos ni a sus familiares cuidadores.

No, señores y señoras gobernantes. No intenten engañarnos una vez más, porque con el tiempo vamos aprendiendo -es de esperar- y, por ejemplo, no consideramos una mejora social el Presupuesto General del Estado para 2018 en el que, por ejemplo, se considera una subida de las pensiones la migaja económica o fiscal que tampoco esta vez sacará de la miseria a tantas personas.

Estos presupuestos no son ni serán los más sociales de la democracia. Y lo que es peor, puede que ni vean la luz por falta de votos, lo que implicaría la prórroga automática de las cuentas del año pasado, que tampoco tuvieron nada de sociales. Como para fiarse de esta Administración.

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