LA YENKA

¿Agua fresca?

IZQUIERDA. Me bailo una Yenka de bienvenida con Íñigo Errejón, que por fin se presenta a unas elecciones generales con una nueva alternativa. De momento, parece que esta aparición en la política nacional resulte agua fresca ante tanto momio desfasado y algo podrido. Ya sólo queda esperar y desearle suerte.

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LO QUE HAY

Peligro: ciudadanos cabreados

La nueva cita electoral del próximo 10N, ha producido un cabreo generalizado entre la ciudadanía, harta seguramente de que los partidos políticos -y sus líderes al frente- se hayan mostrado incapaces de sacar adelante una legislatura razonable y el gobierno que tanta falta hace.

Como es habitual, el cabreo se manifiesta de maneras distintas entre los votantes de izquierda y los de derecha. En esta última el cabreo es maniqueo y ruidoso, polarizando la situación bajo su habitual axioma de que todos los políticos son iguales, es decir, unos inútiles. Entre los seguidores de la izquierda el enfado es muy distinto; es crítico, más sereno y también más desesperanzado. Hasta aquí, nada nuevo en las entrañas sociales de los españoles.

Pero, sin quitarle la razón a nadie -que cada uno es muy libre de pensar como quiera- no está de más recordar que si el cabreo de los ciudadanos de izquierda se convirtiera en abstención, estarían -estaríamos- cediendo el paso a una derecha testadura en sus intenciones de gobierno, apiñada históricamente cual jauría de perros de presa o como rebaño de borregos, siempre en la misma dirección.

Y este peligro de que a partir de las nuevas elecciones volviera a gobernarnos la derecha -con sus recortes económicos, de derechos sociales y su pertinaz brecha en la igualdad-, debería hacernos reflexionar, calmar nuestro encendido desánimo y empujarnos a las urnas, aunque sea con una pinza en la nariz.

Si en la izquierda hemos sido siempre críticos hasta el desprecio político, también es cierto que la responsabilidad social es una de las cualidades que nos caracterizan. Una responsabilidad que deberemos esgrimir de nuevo, venciendo incluso nuestro hastío, con tal de evitar que la cruel derecha española nos vuelva a gobernar.

Por eso afirmo que este actual cabreo es un peligro que debemos sortear, porque son demasiadas las claves de injusticia y desigualdad que imperan en España, esperando de nuestro voto que forcemos un futuro más equilibrado y razonable. Votar, y además a la izquierda, es nuestra obligación.

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