LO QUE HAY

Debilidades de España

Quién conozca la historia de los países del Mediterráneo, pioneros en su día de tantos avances en el pensamiento, en la ciencia y en el comercio, se sentirá frustrado seguramente por la enorme decadencia a la que hoy están sometidas estas naciones, entre las que últimamente destaca España por su voluntad política de arruinar a la mayoría de sus ciudadanos y de someterlos, una vez más, a una época de atraso de la que mucho nos costará salir.

Y es que España es un país condenado al ostracismo perpetuo, liderado por unos gobiernos incapaces de remozarlo de una vez por todas. Siglo tras siglo.

Que nadie se lleve a engaño con la época imperial de España, que jamás fue utilizada para que aquí dentro reinara la justicia, la igualdad y el progreso. Muy al contrario del resto de países europeos, que aun siendo también invasores, ladrones y asesinos, derivaron gran parte de la riqueza generada en sus botines de guerra para avanzar hacia la modernidad.

Seguramente, nuestra principal debilidad radica en que la hoy alabada diversidad cultural de los territorios que conforman nuestro Estado, fue el resultado de una unión a la fuerza de aquellos pequeños reinos que nada tenían en común, ni ganas de tenerlo. Y esa unión a la fuerza, estalla periódicamente como no podría ser de otra manera, porque nadie ha sido capaz -desde la corona absolutista o desde los gobiernos civiles- de armonizar una idea común que ilusionara y diera cobijo a todos los españoles.

Otra debilidad, aún sin resolver, es la enorme diferencia existente entre la calidad cultural y la riqueza generada de las diversas regiones -hoy comunidades autónomas- que conforman España. Por ejemplo, Extremadura o Andalucía fueron pobres y pobres siguen, mientras el País Vasco o Cataluña, fueron siempre adalides del progreso y del bienestar de sus ciudadanos.

También es conveniente recordar que en España la libertad jamás fue ni es un valor compartido entre gobernantes y ciudadanos. Cada vez que el pueblo español ha optado por practicar la libertad -para ser más iguales, luchar juntos para avanzar o quitarnos el pelo de la dehesa- siempre ha habido poderes políticos con la fuerza suficiente para castrarla. Y aún seguimos así, por mucho que a este simulacro de libertad lo llamemos democracia y se nos llene la boca con las bondades de la transición.

Y no olvidemos el carácter reaccionario y mezquino que impera en la sociedad española, en la que los éxitos propios, los avances tecnológicos o los reconocimientos internacionales de nuestras ideas, son castigados con la envidia y el cainismo.

Aunque, por ir acortando, nuestra principal debilidad coincide con el máximo punto fuerte de nuestra historia reciente: el turismo. Una industria, cuyo liderazgo internacional, nos ha convertido en conformistas, aceptando así que mientras haga sol y tengamos playas, el país obtendrá ingresos suficientes. Pero en este éxito se encuentra también nuestra condena. Porque no henos sentido el cohete en el trasero ni hemos sido capaces de encontrar las alternativas económicas necesarias para que España pudiera esgrimir otras realidades para progresar.

De la industria, ni se la ve ni se la espera. Millones de pymes y micropymes intentan, sin más exito que la supervivencia, sustituir a la gran industria, que aun estando presente en España, no es nuestra. Ni la que vino hasta aquí ni la que tuvimos que vender o cerrar por incapaces.

De aquellos atisbos de I+D+i, poco queda ya, en un país cuyos investigadores son castigados a la penuria o al exilio económico. Ni siquiera somos capaces de aprovechar ese sol que adoran nuestros visitantes ni esos vientos propios de nuestro carácter peninsular orientado a varios mares o de nuestra orografía, para generar nuestra propia energía, abaratando enormemente sus costes, consiguiendo una mayor autonomía energética y favoreciendo la riqueza de nuestras empresas y el bienestar de nuestros hogares.

La lista de nuestras debilidades, a poco que seamos honestos con nosotros mismos, sería mucho más larga. Sólo una más: los que, como yo, protestamos y maldecimos a nuestro país, nos merecemos seguramente que más de uno -o de una- nos pregunte con toda la mala leche qué hacemos aquí. Esa es nuestra gran debilidad, adorar España, a pesar de todo.

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Un comentario en “Debilidades de España

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