LA YENKA

Prepotente Rita

DERECHA. Bailo hoy una Yenka con toda mi chulería, para ponerme a la par con Rita Barberá -que no Rita “la cantaora”-, que ayer volvió a traicionar a sus compañeros municipales más próximos, echándoles la culpa de todo el “pitufeo”. Anda, Margui, dale otro beso televisivo a tu despreciada amiga y haz de nuevo mutis por el foro.

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LO QUE HAY

Más impuestos

Nuevamente ha vuelto a mentir el gobierno de Rajoy en lo que se refiere a la subida o no de los impuestos. Algunos van a subir, y no todos lo van a hacer teniendo en cuenta la justicia social.

Esta subida está relacionada con el crecimiento del déficit del ejercicio 2015, producida por la componenda electoral de bajar los impuestos unos días antes de las elecciones de diciembre, lo que nos ha costado un fuerte reprimenda de la Unión Europea. Y claro, ahora tiene que venir Montoro a pasar de nuevo la hucha.

Además, resulta del todo improcedente plantear anticipadamente una subida de impuestos cuando todavía no se ha explicitado el proyecto de ley de los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Se habla de subir los impuestos cuando aún desconocemos los contenidos de las partidas de gasto e inversión, resultantes de la características de las políticas sociales o de otro tipo que pretenden aplicarse durante el próximo año.

Y tampoco, como es costumbre, se plantea el gobierno adelgazar las estructuras del Estado, que desde hace muchos años están absolutamente infladas con estamentos absolutamente inútiles, cuando no para colocar a tanto personal obediente. En cuanto a la lucha contra el fraude fiscal, ni está ni se le espera.

Cierto es que no prevé la subida del IRPF ni el IVA, aunque este último esté absurdamente repartido. No se entienden los desmedidos porcentajes que se aplican a la cultura o a los productos de higiene de primera necesidad, por ejemplo. Y además el IVA es el más injusto de los impuestos, al afectar por igual a todos los ciudadanos, tengan estos un alto o bajo poder adquisitivo. Tampoco parece, pues, que vaya a ser esta la legislatura en la que Hacienda calibre realmente a los ciudadanos según sus necesidades.

Así pues, la subida de impuestos que el gobierno del PP estima necesaria, se centrará en dos ámbitos fundamentales: el impuesto de sociedades y los impuestos especiales. Vamos por partes.

Subir el impuesto de sociedades en un país cuyo tejido productivo está formado fundamentalmente formado por pymes -y más aún por microempresas- supone, de entrada, un agravio comparativo de difícil comprensión. No olvidemos la capacidad de ingeniería financiera de las grandes empresas para pagar apenas unos pocos puntos, sin que el gobierno se atreva a meterles mano. Recaerá pues el incremento de este impuesto sobre las empresas de menor tamaño. Aquellas que habitualmente las pasan canutas para sobrevivir y que ahora, que empiezan a ver un poco de luz, verán reducido de nuevo su margen comercial o tendrán que subir los precios. No nos extrañe pues que las pymes precaricen aún más el empleo para mantenerse en el mercado.

Por lo que respecta a los impuestos especiales, se vuelve a proyectar la subida de estos en las tasas que gravan los carburantes para automóviles y transporte, el alcohol y el tabaco, añadiendo como novedad las bebidas azucaradas, posiblemente para recordarnos que nuestros hijos se están haciendo obesos.

De todos estos impuestos especiales, el referido a los carburantes resulta también injusto y peligroso para el crecimiento económico. Injusto porque una inmensa mayoría de ciudadanos dispone de automóvil y tendrían que pagar la gasolina o el gasoil más caros. Peligroso porque el sector del transporte -incluidos los vehículos comerciales o de reparto de las pymes- verán incrementados sus costes, que tendrán que verse repercutidos en los precios finalistas de los productos, cuando no otra vez en la precariedad del empleo.

Y ante estas intenciones de llenar las arcas a costa de los que sea, se espera que el debate de la ley de Presupuestos en el Congreso resulte bastante agria, al igual que de una vez por todas veremos si Ciudadanos se retrata o no.

No obstante, el gobierno central ya está preparado para prorrogar los presupuestos actuales si se ve acorralado, pendiendo además de un hilo que se adelanten las elecciones generales a final de 2017.

Una vez más, se demuestra que las campañas electorales son una sarta de mentiras, planteadas por unos candidatos que siempre olvidan que están a nuestro servicio, al igual que se pasan por el forro que una promesa electoral es un contrato con los ciudadanos.

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LA YENKA

Maratón en Valencia

ADELANTE. Bailo hoy, “con orgullo y satisfacción”, una deportiva Yenka con los organizadores, patrocinadores y participantes del 36º maratón de Valencia, que tuvo lugar ayer en nuestra ciudad. Esta sí es una muestra de gran evento, lleno de positivismo, visión de futuro y participación ciudadana. No como aquellos que llevaron a la ruina a nuestra tierra. Ojala sea, el considerado internacionalmente como uno de los mejores maratones del mundo, un acicate para el cambio que tanto necesitamos.

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LO QUE HAY

Ni 100 días

He recordado una escena que se hace hoy premonitoria. Dijo un tipo en la oficina: “Va un auditor y cuenta un chiste”. “Sigue, sigue”, respondieron los compañeros. “Ya está, ese es el chiste”.

Y también me ha venido a la cabeza el dicho “Ese tiene el gusto en el culo, como las avispas”.

He sacado estas viejas historias de la memoria al conocer el nombramiento de Mario Garcés como nuevo secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. Un hombre, que a pesar de su historial académico y profesional, pertenece al gremio de los recortadores -no el de los toros en Portugal, sino el de los austericidas presupuestarios- con importantes servicios prestados al gobierno conservador, el de la miseria y la desigualdad.

Mario Garcés tiene además un perfil claramente administrativo, del que sus anteriores responsabilidades como auditor ya nos indican sus puntos fuertes y los aspectos más débiles que conformarán su nueva trayectoria. Porque no es fácil esperar sensibilidad ni proactividad, ante la pobreza o ante la violencia de género y el crecimiento de los delitos de odio, de un cargo público cuya especialidad es la gestión de las cuentas, en vez de la creación de esperanza y de políticas verdaderamente sociales.

Por tanto no cabe lugar para el optimismo ni para la paciencia. Y mucho menos cuando se trata de gestionar asuntos tan delicados como los Servicios Sociales o la Igualdad, que conforman su nueva misión. No parece que vaya a ser el nuevo secretario de Estado quien remedie el ahondamiento en la miseria y el abandono de los desfavorecidos provocado por el PP. Nada bueno se puede esperar de quien comulga con las ideas más neoliberales del gobierno conservador.

En política, es costumbre demandar al menos la confianza hacia los nuevos cargos durante los primeros 100 días. Tiempo que se supone necesario para que el interfecto o interfecta que acaba de ocupar su puesto muestre sus ideas y sus maneras. 100 días, respetados habitualmente incluso por los medios de comunicación.

Pero últimamente, con la pinta que tiene el percal, se hace muy cuesta arriba respetar este período de carencia en la crítica, debido a que los cargos públicos de las primeras líneas de gobierno son ocupados por personas con historiales claramente dudosos. No resulta fácil imaginar que quienes más necesitan el apoyo del Estado vayan a ver mejorada su penosa calidad de vida con nombramientos como este.

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LA YENKA

¿Se puede bailar con un concepto?

DERECHA. Hoy voy a intentar bailar la Yenka con algo tan abstracto como el diálogo. Una necesidad pregonada a izquierda y derecha desde la reciente investidura del presidente del Gobierno. Pero una cosa es alardear de diálogo y otra es mantener el machito del ordeno y mando desde el PP, con un nivel de chulería y provocación que ya no son de recibo. Aún no han aprendido que gobernar no es mandar.

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FILOSOFÍA IMPURA

Cuando el poder mata

Cierro hoy la miniserie de artículos dedicados a recordar algunos de los más significativos males del poder, trayendo a la palestra las malas prácticas de las compañías eléctricas, gasísticas u otras que, con la colaboración de los gobiernos, permanecen impertérritas ante la pobreza energética en España. Unas malas prácticas que matan, como siempre, a los más desfavorecidos.

Cierto es que entre leyes autonómicas, convenios y otras zarandajas absolutamente insuficientes, el poder político puede encontrar excusas para tapar su ineficiente proceder ante el gran número de muertes anuales, que algunos estudios sitúan por encima de las causadas por accidentes de tráfico.

Por eso no se entiende, que ante tanta muerte por pobreza energética, los gobiernos no actúen con la misma o más contundencia que ante la regulación del tráfico vial, con sus enormes inversiones en radares, gestión del carnet por puntos o campañas publicitarias.

Según el baremo que se utilice -el español o el europeo-, el número de afectados españoles por la pobreza energética podría situarse en unos 7.000.000 de ciudadanos. Aunque tampoco se libra la Unión Europea, en la que se calculan 54.000.000 de afectados.

Son cifras muy alarmantes, causadas por el egoísmo de las compañías energéticas -en cuanto a su papel de servicio público- y por la ineficacia de un poder político, tímido desde la izquierda y claramente vendido desde la derecha. No se entiende de otra manera la parquedad de las iniciativas legislativas autonómicas o municipales, así como la constante denuncia ejercida por el partido conservador contra estas leves actuaciones.

También viene a colación recordar que durante la pasada dictadura las compañías energéticas estaban nacionalizadas o intervenidas. Fue ya en democracia cuando, con la llegada del libre mercado, se produjo una privatización -seguramente innecesaria y desmedida- que no ha hecho sino incrementar salvajemente el precio de la energía y el poder de las compañías sobre la calidad de vida de nuestros ciudadanos. Se hace pues imprescindible que se vuelva a cualquier tipo de intervención que garantice estos servicios públicos a todos los hogares, sean estos ricos -que pueden pagarlos- o pobres.

Y todas estas crudas situaciones por exceso o por defecto -con ganadores que no respetan el medioambiente ni la salud o la vida de los demás, y perdedores que sufren en sus carnes la pérdida de la salud o de la propia vida- no hacen sino reafirmar el desprecio de los poderosos hacia los pobres, por mucho que el problema de escasez energética de esos millones de hogares se produzca cada año, con la llegada del frío, lo que no implica con precisión que las muertes producidas no resultan una sorpresa inesperada.

En filosofía, por muy impura que esta resulte, no se ha entrado suficientemente en cuestiones como la que hoy nos ocupa, que se creían ya superadas en los países desarrollados. Si acaso, habrá que hacer un tangencial acercamiento a los estudios sobre la calidad de vida, de los que hoy destaco el siguiente párrafo: “En la actualidad, el hecho ampliamente conocido de la degradación del ambiente y su repercusión sobre los grupos humanos, sobre todo a nivel de salud, ha conducido a reconocer que la situación debe abordarse desde una óptica social, política, económica, jurídica y cultural”.

Quizá sea esta una magnífica ocasión para recordar al Sr. Rajoy que los ciudadanos no viven de la mejora del PIB, sino de alimentos, servicios de bienestar y condiciones adecuadas de vida. De nada sirven las medias estadísticas alcanzadas si la parte más débil de nuestra ciudadanía está en riesgo de muerte.

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