Mi lado femenino

Carmen, en la distancia

Siempre resulta doloroso ponerse a escribir cuando alguien apreciado se ha ido para siempre. Y hoy resulta especialmente duro tras el fallecimiento de Carmen Alborch.

No puedo decir que fuéramos amigos, porque sería faltar a la verdad. Pero en mi imaginario sí cabe una extraña relación mantenida durante décadas, siempre en la distancia, casi siempre en la noche.

Puedo asegurar, a poco que acierte al observar a las personas, que algo teníamos en común. Probablemente, mucho más de lo que comparten los “conocidos de vista”.

Durante décadas coincidimos muy frecuentemente en los bares de moda, en eventos o fiestas. Tantas veces que he llegado a pensar que Carmen, su pelo de un rojo imposible y yo formábamos parte del paisaje, de una escena en la que dos elementos cotidianos nunca llegan a formar un conjunto, a modo de bodegón inanimado.

Nuestras amistades comunes, mujeres y hombres, políticos, profesores, artistas, diseñadores, empresarios, buscavidas, gente guapa o simplemente alegre, eran incontables. Pero nunca cruzamos una palabra que fuera más allá del saludo o la simple cortesía.

Y es que me atrevo a decir que tras el conocido carácter abierto y comunicativo de Carmen, se escondía esa soledad bien llevada que le permitía estar en un lugar repleto de gente con ganas de marcha, totalmente aislada y encerrada en sus pensamientos. Una particularidad que comparto y que me ha permitido sobrevivir en medio de la vorágine que mi ya viejuna historia de rockero, mi antigua profesión de publicitario o mi pertenencia a entidades que gestionaron tendencias de la moda, amenazaba mi intimidad.

Y tanta llegó a ser la distancia con Carmen, en esas noches compartidas sólo en el tiempo y en el espacio, que llegué a pasar unos días con mi mujer y otros amigos en un apartamento de Denia que ella frecuentaba, sin llegar a verla un sólo momento.

Una extraña relación, coincidente durante más de cuarenta años, que ayer se rompió para siempre. Una presencia distante, que en su desaparición me ha producido un profundo dolor, porque una de las referencias del escenario de mi propia vida está viajando para siempre hacia las estrellas.

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LA YENKA

PSOE y Podemos de acuerdo

IZQUIERDA. Bailo hoy una Yenka con los Reyes Magos de Oriente, con la esperanza de que la firma del acuerdo sobe los Presupuestos Generales del Estado firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sirva para algo y llegue a buen fin. No va a resultar fácil, pero nuestro país se merece ir avanzando, aunque sea paso a paso, para que todos participemos de los beneficios sociales y veamos mejoradas nuestras prestaciones. Adelante pues.

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LO QUE HAY

Robo de niños: lesa humanidad

Nada más conocerse este pasado lunes la esperpéntica sentencia al Dr. Vela por el robo de una niña, me vino a la cabeza que más que un hecho aislado nos encontramos ante un delito de lesa humanidad.

Así lo consulté de inmediato con juristas amigos, que coincidieron conmigo, al igual que observaban la dificultad de establecer una querella de semejante calibre.

Más tarde, este martes publicó Infolibre un completo y documentado dossier con varios artículos sobre el tema, con los que no sólo estoy completamente de acuerdo, sino que me han inspirado para la redacción de este post.

Es comprensible que la querellante Inés Madrigal acudiera a los tribunales para encontrar justicia a su personal caso. Aunque, al mismo tiempo, no comprendo como el robo de niños acaecido desde la posguerra civil hasta bien entrada la democracia, no se haya convertido en una demanda colectiva amparada en el derecho internacional, que sí considera los casos de este calibre como lesa humanidad.

Los crímenes de lesa humanidad tienen varias características que sustentan el que hoy escriba sobre este asunto: han de ser sistemáticos y nunca, nunca, prescriben.

Pero esto es España y aquí se tapan unos a otros, la justicia puede ser pacata y muy pocos se atreven todavía a luchar contra los crímenes del franquismo, Iglesia incluida.

¿Cómo se puede mirar hacia otro lado cuando se estima que el robo sistemático de niños pudo alcanzar la cifra de 300.000 afectados? ¿Quién se arrogó la dudosa moral de decidir qué mujer, qué familia, merecía o no hacerse cargo del hijo engendrado? ¿Qué clase de Estado permitió que el robo de niños se convirtiera, además, en un negocio? ¿Cuántas familias adoptantes sabían que estaban cometiendo un delito? ¿Por qué la Iglesia participó en semejante aberración?

En mi desconocimiento de los intríngulis del Derecho, apenas me atrevo a ir más allá de estas preguntas, ni tampoco me corresponde. Pero quiero dejar bien clara mi más enérgica protesta porque ningún gobierno -Fiscales Generales incluidos- haya tenido los redaños para acometer una causa similar a la que en otros países europeos y sudamericanos ya se han resuelto hace años.

Será por miedo, por pereza, por un respeto inmerecido a los pactos de la Transición, no lo sé. Pero la inacción ante este drama me parece impresentable.

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LA YENKA

Chantaje por bocas

IZQUIERDA. Bailo hoy una Yenka solidaria con la Ministra de Justicia Dolores Delgado, que en ningún caso debería dimitir ante el intento de extorsión provocado por el repugnante excomisario Villarejo. No obstante, si conviene llamar la atención a la ministra por haberse ido de pico en su día, llamando maricón a un juez ahora ministro o relatando las relaciones de prostitución con menores, mantenidas por jueces y fiscales de alto rango en un viaje a Colombia, sin tener los redaños de denunciar semejante delito, allí y aquí. Una falta de prudencia y una cobardía que ahora le están pasando factura mediática y política.

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Mi lado femenino

Terror machista

Los últimos días han sido, sin duda alguna, terroríficos. La última oleada de violencia machista ha superado los límites por razones que a muchos nos parecen inadmisibles.

Los últimos cuatro crímenes contra mujeres, ocurridos en apenas unas horas, en Granada, Bilbao y Castellón, han causado una auténtica alarma social por motivos que exceden la ya larga trayectoria de esta execrable lacra en España.

Una de las mujeres fue asesinada en presencia de su hijo, mientras otro hombre se ensañó a puñaladas contra sus dos hijas pequeñas hasta matarlas, con el fin de provocar el sufrimiento de la madre, de la que estaba en proceso de divorcio.

Así, al ya violento hecho de provocar la muerte de un ser humano, se añade un nivel de crueldad que requiere toda la atención de la ciudadanía, la política, la Justicia, las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación. Es evidente que así no podemos seguir.

Se hace pues incompresible que dos de las mujeres -una asesinada y la otra madre de las niñas acuchilladas- hubieran acudido a los jueces para denunciar las constantes agresiones producidas por sus parejas, sin resultado alguno en cuanto a su protección, careciendo de medida alguna enfocada a intentar salvar sus vidas.

No es el momento de justificar las razones que impidieron a estos jueces prestar el necesario amparo a las citadas víctimas, porque los terribles hechos acaecidos superan en mucho cualquier motivo legal o juicio de valor esgrimido para negar a ests mujeres el pan y la sal que tanto necesitaban. Los hechos son tozudos, sí, y la sociedad -en su desconocimiento legal pero con su sabiduría para distinguir lo que entre el bien y el mal- ha quedado estupefacta ante lo que se podría considerar como una inacción judicial con resultados de asesinatos.

Una razón más que suficiente para que el poder judicial, con sus cargos más representativos al frente, saliera a la palestra para, como mínimo, dar explicaciones, solidarizarse con las familias afectadas y expresar su opinión profesional sobre como atajar de una vez tan terrible oleada de crímenes de violencia de género.

También se hace urgentemente necesario que entre las medidas contra la violencia machista, contempladas en el reciente aunque inútil por ahora Pacto de Estado y en el Código Penal, se incluya la indispensable protección de los hijos e hijas menores, antes de que pierdan la vida por la psicópata venganza de sus asesinos, o se vean obligados a ser testigos de esas escenas terroríficas y cruentas que van a marcar el resto de sus vidas

Y qué decir de los medios de comunicación. Porque no basta con dar las noticias de los asesinatos machistas y terminarlas con la obligada retahíla del 016. Se echa de menos mucha más presencia de la violencia machista en los medios, sea en forma de reportajes, artículos de opinión, tertulias, programas especiales u otras modalidades. Asuntos con una infinitamente menor importancia llenan los medios, con una superficialidad y una dedicación que resultan insultos a la inteligencia y un injustificable agravio comparativo ante una cantidad de víctimas, que desde la existencia de datos, supera ya a las producidas por ETA.

Termino expresando mi profundo dolor, tanto por ver que en mi país se asesinan mujeres con tanta frecuencia, como por sentirme solidariamente escandalizado ante la falta de medidas suficientes que acaben con tanto terror, con tanta muerte.

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LA YENKA

¿Qué Iglesia es esta?

ATRÁS. Bailo hoy una Yenka decididamente atea como preámbulo de la reunión de obispos, convocada por el Papa Francisco, para tratar esa lacra eclesiástica consistente en abusar sexualmente de miles niños y niñas. Una Iglesia que hasta ahora se ha limitado a esconder semejantes canalladas, no es digna de ser obedecida por millones de católicos que han preferido mirar hacia otro lado. Y mucho menos tiene derecho a imponer esa falsa moral con la que ellos mismos dictan lo que está bien y lo que está mal, sin contar conque los derechos civiles están por encima de sus dogmas.

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LO QUE HAY

De Antonio a Villy Toledo

Allá por el pleistoceno franquista, el bailarín Antonio fue detenido y encarcelado por ciscarse, verbalmente, “en los muertos de Cristo”. Curiosamente, el dictador resultó ser antes admirador del bailarín que defensor de la siempre represora Iglesia y le indultó.

Hoy, en plena democracia y con la teórica libertad de expresión que deberíamos disfrutar plenamente, el actor y activista de no se sabe bien qué, Willy Toledo, ha sido detenido en rebeldía por una nueva blasfemia, de esas que se hacen famosas, al cagarse en un dios que ni siquiera sabemos que exista.

Una vez más, la derecha católica más reaccionaria y fundamentalista -esta vez bajo el paraguas de la Asociación Española de Abogados Católicos- se ha erigido en defensora de los sentimientos religiosos y ha acusado al actor ante el juzgado, con la esperanza de escarmentar al locuaz Willy.

Toledo se negó por un par de veces a acudir al juzgado, lo que le valió que el magistrado ordenara ayer su detención, hecho que en efecto se produjo.

Por muy antisistema que uno sea y por mucho que defienda sus derechos -que lo son-, nadie puede negarse a presentarse ante el juez cuando es requerido para ello, entre otras cosas porque ese mismo Estado de Derecho que protege -más o menos- la libertad de expresión, obliga también a los ciudadanos a acudir a los tribunales cuando una autoridad del poder judicial lo considera oportuno.

Dicho esto y bajo la advocación del “coño insumiso”, debería quedar claro que la blasfemia no puede considerarse en nuestros días como un delito, máxime cuando es una Iglesia que sólo se representa a sí misma la que dicta esa hipócrita moral, que muchos aceptan situar por encima de nuestros derechos fundamentales amparados por la Constitución Española.

Dejemos pues para esos países dominados por la extrema derecha más religiosa la confusión entre moral y derecho, entre pecado y libertad, ganada a pulso por los votantes más reaccionarios o por quienes todavía consienten ser gobernados por gobiernos dictatoriales, hayan pasado o no por las urnas.

Puede que Willy Tolelo se merezca un par de imaginarias collejas por bocazas y por su constante manía de provocar, incluso cuando no hace falta. Puede también que le convenga alguna pequeña sanción por no acudir en su día al juzgado. Pero por blasfemar no merece castigo alguno. Faltaría más.

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