IZQUIERDA. Bailo hoy una Yenka con el militante socialista Pedro Sánchez, que fue injustamente defenestrado de la Secretaría General de su partido por los barones y baronesas más reaccionarios del Comité Federal. Vuelve Sánchez en campaña, para exigir a la actual gestora del PSOE que, simplemente, cumpla con su única obligación: convocar un nuevo congreso, en vez de gobernar el partido con peregrinas excusas y desde la sombra. Bienvenido, pues, a esta nueva batalla y así consiga derrotar a esos derechistas mal llamados socialdemócratas.
Fidel, el cubano fiel
Con la muerte de Fidel Castro, es menester dar un repaso a todo lo que a uno le pasa por la cabeza, con respecto al personaje y al transcurrir de su pueblo.
Y lo primero que me viene a la meninge es la hipocresía con que siempre se han tratado sus aciertos y sus desastres. Hipócritas los dirigentes de países desarrollados, incapaces de aportar a sus ciudadanos los avances sociales -como sanidad, educación y otros- que Fidel implantó en Cuba. Hipócritas los políticos occidentales que le acusan de subvertir los derechos humanos, olvidando que en EEUU está implantada la pena de muerte y todavía existen graves problemas racistas y xenófobos; olvidando que en la Unión Europea se ha practicado un austericidio que ha condenado a la pobreza a millones de ciudadanos; olvidando todos su injusta actitud al rechazar a inmigrantes y refugiados.
Los males provocados por el dictatorial Fidel, resultan ser una minucia cuando se comparan con los que en nuestros avanzados países se presentan como el resultado de una crisis provocada falsamente por unos ciudadanos, acusados de vivir por encima de sus posibilidades y que ahora la tienen que pagar. Eso sí, democráticamente.
Después he pensado en todos esos «gusanos», «marielitos» y «balseros» que ayer brindaban en masa en la Miami que les acogió y les dio una vida mejor. Y me pregunto si esos exaltados por la muerte de Fidel, volverían a Cuba -si hubiera un cambio político- abandonando su calidad de vida actual. En principio, me cuesta creerlo.
Y ya, de manera más tangencial, me acuerdo de otras cuestiones, como en qué situación se encontraba Cuba antes de la llegada de la victoria de Fidel -el «patio trasero de EEUU», llamaban a Cuba- con un régimen sanguinario y un elevadísimo nivel de corrupción. Eso sí, con democracia. Manda huevos.
Como también recuerdo la crisis de los misiles, provocada porque Fidel tuvo que buscar apoyo en la entonces URSS, ante los fallidos ataques y cientos de atentados provenientes del poderoso vecino del norte. El que nunca venció a Cuba, limitándose a arruinarla, en la medida de lo posible, con sus bloqueos y otras miserables acciones sustentadas en el mercado negro.
Incluso se me hace imposible olvidar el liderazgo cubano, con Fidel Castro al mando, en otros países que las estaban pasando canutas, con sus violentas dictaduras militares o con sus modelos sociales insostenibles. En esos países, el apoyo de Fidel garantizó cambios que aún permanecen, los más con éxito, otros con la peor de las copias.
Pero al fin y al cabo, lo mío no son más que recuerdos que agradarán a unos y serán denostados por otros. Me da igual, que estos recuerdos son míos. Cierro ya, no sin desear al pueblo cubano el mejor y más justo de los progresos, así como un futuro feliz y en paz.
Un hombre de verdad
IZQUIERDA. Bailo hoy una Yenka de lo más solidaria con Mónica Oltra, como representante de la Generalitat Valenciana que ha promovido la campaña «Un hombre de verdad», destinada a concienciar a los hombres contra la violencia de género. Una acción publicitaria en la que hombres que respetan a las mujeres reprochan a los hombres machistas su actitud. Bienvenida esta campaña, y bien elegida la fecha. Mañana, 25 de noviembre, es el Día Internacional contra la Violencia de Género.
Salario mínimo, mínimo
En medio del debate parlamentario sobre el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), surge como un trueno una de las burdas afirmaciones a las que la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, nos tiene acostumbrados: «En España nadie cobra por debajo de los 655 euros». Una más de sus frases falaces.
Olvida la ministra que en un país acostumbrado a que una vez hecha una ley, surja la trampa, el SMI -en su cifra completa- sólo se aplica a los trabajadores que tienen contrato a jornada completa y mensual.
Lo demás son zarandajas y componendas, en las que entran desde los contratos por horas -a los que se debería aplicar el precio horario del SMI- hasta los pactos a destajo, como el que cobran las camareras de piso de algunos hoteles: 20 céntimos por cama.
Y por si queda algún trabajador, con poca experiencia, que aún desconoce la diferencia entre salario bruto o neto, debe quedar claro que el SMI se expresa en bruto y corresponde a 14 pagas. Sólo con pensar en las deducciones obligatorias de esta mínima nómina en España, es fácil comprender que el sueldo neto de un trabajador, sujeto al salario mínimo, no llega para vivir.
Aunque muchas comparaciones son odiosas, más lo son aún cuando a nuestros gobernantes se les llena la boca con la famosa recuperación económica española -que sólo tiene fama para algunos de nuestros paisanos-, con nuestro crecimiento del PIB y con otros alardes de riqueza por el estilo. Olvidan que somos un país pobre. Más pobre que las ratas. Y sin un futuro dibujado con los planes y las estrategias que tanta falta nos hacen para salir del atolladero.
Aquella Irlanda que tuvo que sufrir la «hambruna de la patata», y que durante la actual crisis económica tuvo que ser rescatada por la Unión Europea y por el Fondo Monetario Internacional, es hoy el país socio que más crece y ostenta un salario mínimo que multiplica por dos al español. Menos bolos, pues, Sra. Báñez.
¿Y que tiene todo esto que ver con la filosofía, por muy impura que esta sea? se preguntará a estas alturas alguno de los lectores. Pues mucho, porque la agónica situación de los desfavorecidos en España -sobre todo los jóvenes- se encuentra envuelta por una metaprecariedad que encierra lacras como el paro, la inseguridad laboral, los contratos basura y los salarios indignos. Pero también el abandono de la filosofía en los colegios, que ha provocado inexorablemente la desaparición del espíritu crítico de unos ciudadanos que representan nada más y nada menos que el futuro de nuestro país.
Y así estamos. Una población que no piensa estructurada ni colectivamente; un gobierno que no tiene nada proactivo que ofrecer; unos políticos que, viejos o nuevos, siguen muy lejos de los ciudadanos. Un país, España, con un salario mínimo, mínimo. Así nos va.
D.E.P. Rita Barberá
DERECHA. Hoy no bailaré la Yenka. Con nadie. Ni siquiera sobre la tumba de Rita Barberá. Mi absoluto antagonismo a sus políticas, mi repudio a sus gastos desmedidos y a sus indicios de corrupción, no me impiden sentir su fallecimiento y dar mi pésame personal a sus familiares y allegados. Queramos o no, Rita Barberá ya es historia.
Prepotente Rita
DERECHA. Bailo hoy una Yenka con toda mi chulería, para ponerme a la par con Rita Barberá -que no Rita «la cantaora»-, que ayer volvió a traicionar a sus compañeros municipales más próximos, echándoles la culpa de todo el «pitufeo». Anda, Margui, dale otro beso televisivo a tu despreciada amiga y haz de nuevo mutis por el foro.
Más impuestos
Nuevamente ha vuelto a mentir el gobierno de Rajoy en lo que se refiere a la subida o no de los impuestos. Algunos van a subir, y no todos lo van a hacer teniendo en cuenta la justicia social.
Esta subida está relacionada con el crecimiento del déficit del ejercicio 2015, producida por la componenda electoral de bajar los impuestos unos días antes de las elecciones de diciembre, lo que nos ha costado un fuerte reprimenda de la Unión Europea. Y claro, ahora tiene que venir Montoro a pasar de nuevo la hucha.
Además, resulta del todo improcedente plantear anticipadamente una subida de impuestos cuando todavía no se ha explicitado el proyecto de ley de los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Se habla de subir los impuestos cuando aún desconocemos los contenidos de las partidas de gasto e inversión, resultantes de la características de las políticas sociales o de otro tipo que pretenden aplicarse durante el próximo año.
Y tampoco, como es costumbre, se plantea el gobierno adelgazar las estructuras del Estado, que desde hace muchos años están absolutamente infladas con estamentos absolutamente inútiles, cuando no para colocar a tanto personal obediente. En cuanto a la lucha contra el fraude fiscal, ni está ni se le espera.
Cierto es que no prevé la subida del IRPF ni el IVA, aunque este último esté absurdamente repartido. No se entienden los desmedidos porcentajes que se aplican a la cultura o a los productos de higiene de primera necesidad, por ejemplo. Y además el IVA es el más injusto de los impuestos, al afectar por igual a todos los ciudadanos, tengan estos un alto o bajo poder adquisitivo. Tampoco parece, pues, que vaya a ser esta la legislatura en la que Hacienda calibre realmente a los ciudadanos según sus necesidades.
Así pues, la subida de impuestos que el gobierno del PP estima necesaria, se centrará en dos ámbitos fundamentales: el impuesto de sociedades y los impuestos especiales. Vamos por partes.
Subir el impuesto de sociedades en un país cuyo tejido productivo está formado fundamentalmente formado por pymes -y más aún por microempresas- supone, de entrada, un agravio comparativo de difícil comprensión. No olvidemos la capacidad de ingeniería financiera de las grandes empresas para pagar apenas unos pocos puntos, sin que el gobierno se atreva a meterles mano. Recaerá pues el incremento de este impuesto sobre las empresas de menor tamaño. Aquellas que habitualmente las pasan canutas para sobrevivir y que ahora, que empiezan a ver un poco de luz, verán reducido de nuevo su margen comercial o tendrán que subir los precios. No nos extrañe pues que las pymes precaricen aún más el empleo para mantenerse en el mercado.
Por lo que respecta a los impuestos especiales, se vuelve a proyectar la subida de estos en las tasas que gravan los carburantes para automóviles y transporte, el alcohol y el tabaco, añadiendo como novedad las bebidas azucaradas, posiblemente para recordarnos que nuestros hijos se están haciendo obesos.
De todos estos impuestos especiales, el referido a los carburantes resulta también injusto y peligroso para el crecimiento económico. Injusto porque una inmensa mayoría de ciudadanos dispone de automóvil y tendrían que pagar la gasolina o el gasoil más caros. Peligroso porque el sector del transporte -incluidos los vehículos comerciales o de reparto de las pymes- verán incrementados sus costes, que tendrán que verse repercutidos en los precios finalistas de los productos, cuando no otra vez en la precariedad del empleo.
Y ante estas intenciones de llenar las arcas a costa de los que sea, se espera que el debate de la ley de Presupuestos en el Congreso resulte bastante agria, al igual que de una vez por todas veremos si Ciudadanos se retrata o no.
No obstante, el gobierno central ya está preparado para prorrogar los presupuestos actuales si se ve acorralado, pendiendo además de un hilo que se adelanten las elecciones generales a final de 2017.
Una vez más, se demuestra que las campañas electorales son una sarta de mentiras, planteadas por unos candidatos que siempre olvidan que están a nuestro servicio, al igual que se pasan por el forro que una promesa electoral es un contrato con los ciudadanos.
Maratón en Valencia
ADELANTE. Bailo hoy, «con orgullo y satisfacción», una deportiva Yenka con los organizadores, patrocinadores y participantes del 36º maratón de Valencia, que tuvo lugar ayer en nuestra ciudad. Esta sí es una muestra de gran evento, lleno de positivismo, visión de futuro y participación ciudadana. No como aquellos que llevaron a la ruina a nuestra tierra. Ojala sea, el considerado internacionalmente como uno de los mejores maratones del mundo, un acicate para el cambio que tanto necesitamos.
Ni 100 días
He recordado una escena que se hace hoy premonitoria. Dijo un tipo en la oficina: «Va un auditor y cuenta un chiste». «Sigue, sigue», respondieron los compañeros. «Ya está, ese es el chiste».
Y también me ha venido a la cabeza el dicho «Ese tiene el gusto en el culo, como las avispas».
He sacado estas viejas historias de la memoria al conocer el nombramiento de Mario Garcés como nuevo secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. Un hombre, que a pesar de su historial académico y profesional, pertenece al gremio de los recortadores -no el de los toros en Portugal, sino el de los austericidas presupuestarios- con importantes servicios prestados al gobierno conservador, el de la miseria y la desigualdad.
Mario Garcés tiene además un perfil claramente administrativo, del que sus anteriores responsabilidades como auditor ya nos indican sus puntos fuertes y los aspectos más débiles que conformarán su nueva trayectoria. Porque no es fácil esperar sensibilidad ni proactividad, ante la pobreza o ante la violencia de género y el crecimiento de los delitos de odio, de un cargo público cuya especialidad es la gestión de las cuentas, en vez de la creación de esperanza y de políticas verdaderamente sociales.
Por tanto no cabe lugar para el optimismo ni para la paciencia. Y mucho menos cuando se trata de gestionar asuntos tan delicados como los Servicios Sociales o la Igualdad, que conforman su nueva misión. No parece que vaya a ser el nuevo secretario de Estado quien remedie el ahondamiento en la miseria y el abandono de los desfavorecidos provocado por el PP. Nada bueno se puede esperar de quien comulga con las ideas más neoliberales del gobierno conservador.
En política, es costumbre demandar al menos la confianza hacia los nuevos cargos durante los primeros 100 días. Tiempo que se supone necesario para que el interfecto o interfecta que acaba de ocupar su puesto muestre sus ideas y sus maneras. 100 días, respetados habitualmente incluso por los medios de comunicación.
Pero últimamente, con la pinta que tiene el percal, se hace muy cuesta arriba respetar este período de carencia en la crítica, debido a que los cargos públicos de las primeras líneas de gobierno son ocupados por personas con historiales claramente dudosos. No resulta fácil imaginar que quienes más necesitan el apoyo del Estado vayan a ver mejorada su penosa calidad de vida con nombramientos como este.
¿Se puede bailar con un concepto?
DERECHA. Hoy voy a intentar bailar la Yenka con algo tan abstracto como el diálogo. Una necesidad pregonada a izquierda y derecha desde la reciente investidura del presidente del Gobierno. Pero una cosa es alardear de diálogo y otra es mantener el machito del ordeno y mando desde el PP, con un nivel de chulería y provocación que ya no son de recibo. Aún no han aprendido que gobernar no es mandar.