Mi lado femenino

Feminismo radical

Desde que a principios de los años 90 del pasado siglo, una serie de pseudointelectuales ultraderechistas norteamericanos acuñaran el término “feminazi”, en aquella ocasión para denostar a las defensoras del aborto, el feminismo radical ha sido permanentemente acusado de odiar a los hombres y de organizarse para generar las más virulentas injusticias de género. Falso, salvo excepciones, pues son los machistas más reaccionarios los que odian a las mujeres que les plantan cara para defender sus derechos a ultranza.

No me remontaré a los años anteriores, en los que el machismo estaba extendido en nuestra sociedad como un hecho normal, heredado de una cultura que desde los ancestros ejercía el dominio absoluto sobre las mujeres.

Pero tantos siglos de derecho de pernada, violaciones sin castigo amparadas por los tribunales, violencia doméstica y asesinatos de género, venta de mujeres para bodas indeseables o para su trata en la prostitución, etc., tenían que generar indefectiblemente una reacción feminista en todos los grados, desde el posibilista hasta el más radical y dedicado a la ofensiva.

Espero que se me disculpe esta larga introducción, dedicada a todos aquellos que aún no tienen claro por qué existe el feminismo.

Como en todas las revoluciones sociales, sustentadas en una causa justa, surgen radicalismos -generalmente pacíficos- que alcanzan el eco suficiente y una gran cantidad de adeptos. Entre estos radicalismos, se encuentra el feminismo más peleón e intransigente.

Y yo, que tiendo a moderado, aunque sin renunciar a toda la mordacidad de la que soy capaz, comprendo y comparto la mayor parte de la ideología del feminismo extremo. Si la sociedad, la familia, las fuerzas del orden, la judicatura o el propio Estado, son incapaces de defender a las mujeres frente al rodillo psicológico y violento del machismo, me parece absolutamente normal y consecuente que ellas se rebelen hasta el paroxismo más reivindicativo.

Y motivos no les faltan. En España, las denuncias por violencia doméstica de género no paran de crecer, al igual que el número de asesinadas; En Argentina o en México, las muertas por violencia no paran de subir en los rankings del homicidio; en India, no se castiga suficientemente la violación en grupo; en el Islam, la mujer no cuenta con apenas derechos y puede llegar a ser condenada a lapidación hasta la muerte por ser agredida sexualmente; y en muchas sociedades aparentemente avanzadas en derechos civiles como la igualdad, se siguen produciendo actos de extrema violencia contra mujeres del primer mundo, por el simple hecho de serlo.

Hechos como estos justificarían por sí mismos que muchas mujeres se hayan radicalizado en su autodefensa, con una posición extrema ante la sociedad, que como siempre hay que observar desde el relativismo, pues lo que parece mal a los tipos que niegan a las mujeres el pan y sal, se enfrenta el buen parecer de los entendemos que ellas tienen que defenderse por todos los medios, quizá con la única excepción del empleo de la violencia, que justifico plenamente cuando es en defensa propia.

Así que si aún queda alguien que denoste los radicalismos de cualquier clase, debería pensar primero si la sociedad es suficientemente ecuánime con las personas que sufren cualquier tipo de injusticia, aunque se pongan en pié de guerra.

No quiero cerrar este post sin enviar un fuerte abrazo a mi joven amiga G., mujer políglota, viajada, culta y luchadora, que entre risas se declara a sí misma feminazi.

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¿Eres machista?

Si no te consideras machista, seguramente te interesará bien poco este post. Pero si tienes alguna duda, seas hombre o mujer, te dedico personalmente algunas preguntas y comentarios. Por si acaso te sirven para algo.

El machismo es una actitud. Y como tal, relacionada con la cultura y con el aprendizaje. No valen pues las excusas de la naturaleza del macho, porque hablamos de seres humanos, con capacidad exclusiva de raciocinio y de evolución mental entre el resto de los animales.

Posiblemente, de pequeño, viviste rodeado de situaciones machistas, en las que tu madre -que no te dejaba entrar en la cocina- estaba doblegada a las directrices de tu padre. Si te pilló ya mayor, puede que incluso hayas vivido la época en la que la mujer casada no tenía derechos sin permiso de su marido. Y ahí, como tras siglos y siglos de dominación, te empezó todo.

Pero hoy, al menos en teoría, la ley española -al igual que en toda la cultura occidental- equipara a hombres y mujeres en plena igualdad y disfrute de derechos y libertades. En teoría, ese es el problema, porque en la práctica aún queda mucho que asumir por parte de los hombres, sean estos ricos o pobres, cultos o incultos, educados o mostrencos.

Si eres hombre -parece un reto y lo es-, intenta recordar si alguna vez te llevaste a una chica a la cama y llegado el momento cumbre ella te dijo “no”, tú te cabreaste como un mono, la llamaste calientapollas y no sé si fuiste más allá. Machista, tío, si no delincuente.

O por ejemplo, si algún día, harto de la brasa que te estaba dando tu pareja, la insultaste, la vejaste o le pegaste una hostia. Violencia de género lo tuyo.

En el caso de que hayas participado en las bromas colectivas de tu panda, poniendo a parir a las parientas, creo que te lo deberías mirar, no sea que te hayas pasado, dejando a tu mujer ausente a la altura del betún.

En el caso de que seas empresario, recuerda si has discriminado a alguna mujer, no sólo salarialmente o en el reparto del poder, sino también has castigado su embarazo porque aún no asumes su derecho a estar varios meses de baja y cobrando su salario. Quizá convendría recordarte que si no fuera por las mujeres no existiría la reproducción humana ni tú habrías nacido, cacho cabrón. Y ese es un papel tan imprescindible para la vida que no deberías considerar sus derechos como un peaje, sino como una de las principales participaciones del hombre en el desarrollo de la humanidad.

Y te digo más. Si tu hijo adolescente empieza a presentar síntomas de machismo, pregúntate si te has parado a hablar con él y, por ejemplo, comentarle si lo que está haciendo con su chica le parecería bien que tú lo hicieras con su madre. Que contra el machismo de nuestros hijos hay que empezar desde pequeñitos, en casa y en la escuela, educando en igualdad.

También podrías preguntarte si haces lo que te sale de los cojones sin consultar muchas importantes decisiones con tu pareja. O si te molesta que trabaje tanto o más que tú. O que sus ingresos doblen los tuyos. Vamos, que si te jode que tu mujer te haga sombra, social, cultural o económicamente. O al revés, si vives de ella sin rubor alguno cual macarra de pro.

Otro día más, macho. No vaya a ser que te haya sacado de tus casillas y descargues tu mala leche con tu pareja.

Y respecto a las mujeres machistas, ya les escribiré alguna cosita. Pero eso será otro día.

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Yo soy feminista

Valga el título como declaración de principios de esta nueva sección, destinada a promover -desde mi modesta aportación- la igualdad entre hombres y mujeres. La alternaré los jueves con FILOSOFÍA IMPURA, pues tan importante me parece la necesidad de pensar como que las mujeres sean consideradas iguales en todos los aspectos que hasta hoy todavía las mantiene discriminadas.

Empezaré por decir que mi buena relación con las mujeres ha sido una constante a lo largo de mi vida, en la que con ellas he ejercido el papel de alumno en todos los niveles, de amante hasta la promiscuidad, incluso de “aspirino” en bastantes ocasiones, porque yo sí que creo en la amistad entre ambos sexos.

Y seguiré explicando que mi feminismo se ha ido acrecentando con el tiempo, lo que para mí es una prueba de que esta asignatura, tan pendiente en la sociedad, se puede aprender, entrenar y asumir con el tiempo y, sobre todo, con el ejercicio de la tolerancia y de la justicia en el sentido más amplio de la palabra. Como un hecho cultural más.

Desde muy joven, y sin renunciar a mi amistad con los hombres y a mis pandillas juveniles, ya maduras, siempre me he sentido culturalmente más proclive a tratar con mujeres. Quizá porque he tenido la suerte de encontrar grupos de amigas en las que los temas de conversación sólo recurrían a la frivolidad por la necesidad de mantener el buen humor que en toda tertulia debe imperar.

Este propio y natural acercamiento mío a las mujeres -por razones de inteligencia y de empatía emocional-, contrasta lamentablemente con las muchas frustraciones que he sufrido en gran cantidad de charlas con tíos cuya actitud hacia la vida, y más específicamente hacia las féminas, me ha producido vergüenza ajena y un profundo desagrado. De hecho, en las comidas o cenas de parejas, siempre he preferido que nos mezcláramos ambos sexos en la mesa a que los hombres se sentaran en un lado y las mujeres en el otro, situación esta última que siempre me ha ocasionado un profundo aburrimiento y un desasosiego capaz de desear que se acabara el evento.

También quiero aclarar que se puede ser perfectamente heterosexual y feminista, al mismo nivel que creo que todavía quedan muchas mujeres por las que, a veces, no apetece mover ni un dedo. Aunque eso también ocurre con los hombres, que burreras hay por todas partes.

Pero así, en general, me declaro hoy claramente feminista y dispuesto a colaborar en la medida de mis posibilidades a la rotura de ese ya tópico techo de cristal, que impide a tantas mujeres el reconocimiento de sus méritos en igualdad o, simplemente, mantener la vida ante la violencia de género.

Espero que esta nueva sección sea bienvenida, con la promesa de ir sucesivamente tocando temas que demuestren que el feminismo es necesario. Más que nunca.

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