Mi lado femenino

Yo soy feminista

Valga el título como declaración de principios de esta nueva sección, destinada a promover -desde mi modesta aportación- la igualdad entre hombres y mujeres. La alternaré los jueves con FILOSOFÍA IMPURA, pues tan importante me parece la necesidad de pensar como que las mujeres sean consideradas iguales en todos los aspectos que hasta hoy todavía las mantiene discriminadas.

Empezaré por decir que mi buena relación con las mujeres ha sido una constante a lo largo de mi vida, en la que con ellas he ejercido el papel de alumno en todos los niveles, de amante hasta la promiscuidad, incluso de “aspirino” en bastantes ocasiones, porque yo sí que creo en la amistad entre ambos sexos.

Y seguiré explicando que mi feminismo se ha ido acrecentando con el tiempo, lo que para mí es una prueba de que esta asignatura, tan pendiente en la sociedad, se puede aprender, entrenar y asumir con el tiempo y, sobre todo, con el ejercicio de la tolerancia y de la justicia en el sentido más amplio de la palabra. Como un hecho cultural más.

Desde muy joven, y sin renunciar a mi amistad con los hombres y a mis pandillas juveniles, ya maduras, siempre me he sentido culturalmente más proclive a tratar con mujeres. Quizá porque he tenido la suerte de encontrar grupos de amigas en las que los temas de conversación sólo recurrían a la frivolidad por la necesidad de mantener el buen humor que en toda tertulia debe imperar.

Este propio y natural acercamiento mío a las mujeres -por razones de inteligencia y de empatía emocional-, contrasta lamentablemente con las muchas frustraciones que he sufrido en gran cantidad de charlas con tíos cuya actitud hacia la vida, y más específicamente hacia las féminas, me ha producido vergüenza ajena y un profundo desagrado. De hecho, en las comidas o cenas de parejas, siempre he preferido que nos mezcláramos ambos sexos en la mesa a que los hombres se sentaran en un lado y las mujeres en el otro, situación esta última que siempre me ha ocasionado un profundo aburrimiento y un desasosiego capaz de desear que se acabara el evento.

También quiero aclarar que se puede ser perfectamente heterosexual y feminista, al mismo nivel que creo que todavía quedan muchas mujeres por las que, a veces, no apetece mover ni un dedo. Aunque eso también ocurre con los hombres, que burreras hay por todas partes.

Pero así, en general, me declaro hoy claramente feminista y dispuesto a colaborar en la medida de mis posibilidades a la rotura de ese ya tópico techo de cristal, que impide a tantas mujeres el reconocimiento de sus méritos en igualdad o, simplemente, mantener la vida ante la violencia de género.

Espero que esta nueva sección sea bienvenida, con la promesa de ir sucesivamente tocando temas que demuestren que el feminismo es necesario. Más que nunca.

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