LA YENKA

Prepotente Rita

DERECHA. Bailo hoy una Yenka con toda mi chulería, para ponerme a la par con Rita Barberá -que no Rita «la cantaora»-, que ayer volvió a traicionar a sus compañeros municipales más próximos, echándoles la culpa de todo el «pitufeo». Anda, Margui, dale otro beso televisivo a tu despreciada amiga y haz de nuevo mutis por el foro.

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Maratón en Valencia

ADELANTE. Bailo hoy, «con orgullo y satisfacción», una deportiva Yenka con los organizadores, patrocinadores y participantes del 36º maratón de Valencia, que tuvo lugar ayer en nuestra ciudad. Esta sí es una muestra de gran evento, lleno de positivismo, visión de futuro y participación ciudadana. No como aquellos que llevaron a la ruina a nuestra tierra. Ojala sea, el considerado internacionalmente como uno de los mejores maratones del mundo, un acicate para el cambio que tanto necesitamos.

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¿Se puede bailar con un concepto?

DERECHA. Hoy voy a intentar bailar la Yenka con algo tan abstracto como el diálogo. Una necesidad pregonada a izquierda y derecha desde la reciente investidura del presidente del Gobierno. Pero una cosa es alardear de diálogo y otra es mantener el machito del ordeno y mando desde el PP, con un nivel de chulería y provocación que ya no son de recibo. Aún no han aprendido que gobernar no es mandar.

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El mal perder

ATRÁS. Bailo hoy una afectuosa Yenka con Ana, la mujer que ayer sufrió una patada y un codazo de Valentino Rossi, cuando este iba por el paddock de Cheste con su scooter, tras una carrera en la que no consiguió subir al podio. La agresión de Rossi quedó grabada en vídeo y hoy circula por la red a todo meter. Mal, muy mal, por el temperamental corredor italiano. Y peor aún por algunos de sus seguidores que no han dudado en divulgar amenazas contra la agredida.

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Perdone que insista

IZQUIERDA. No, no se trata de bailar la Yenka con el machacón Matías Prats y los anuncios de seguros que protagoniza. Hoy la bailo de nuevo con los gobiernos municipales o autonómicos de izquierda, que en su bisoñez y desconocimiento jurídico, están promulgando planes, leyes y disposiciones descabelladas en sí mismas por la incapacidad de transmitir correctamente sus intenciones. El que no sirva, a casa. Y que pase el siguiente.

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Nuevos muros en el mundo

ATRÁS. Bailo hoy una Yenka de los más deprimente, con todos aquellos que como Donald Trump se empeñan en poner muros en un mundo que necesita renovarse de inmediato para salir de sus desigualdades e injusticias. Y ya sabemos lo que significa poner barreras a la libertad. Más miseria, más violencia, más desterrados de su propia tierra. Hoy no es un día para estar contento. Y pesan como piedras los pies. Así no hay quien baile.

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Redactando una ley

IZQUIERDA. Bailo hoy una Yenka llena de sentido musical -por no decir común- con los diversos gobernantes autonómicos que se quejan de que sus leyes acaban tiradas abajo por el Tribunal Constitucional. Y esas leyes, dictadas desde la izquierda para el bien social, son inmediatamente denunciadas por el gobierno central del PP. Pero no parece ser una cuestión de centralismo, sino de incongruencia legislativa y de pésima redacción. Venga compañeros, un poquito más de rigor al plantear esas leyes autonómicas y exponerlas. Igual es falta de experiencia.

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Especuladores de izquierdas

ATRÁS. Bailo hoy una Yenka avergonzada con el portavoz de Unidos Podemos en el Senado, Ramón Espinar, que de estudiante especuló con una vivienda protegida que nunca ocupó, a la que en escasos días le sacó una plusvalía de 30.000 euros, en una época en la que todavía no tenia ingresos. Merecemos, al menos, una explicación del representante de un partido que dice luchar por la gente menos favorecida.

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15 valientes

IZQUIERDA. Bailo hoy una Yenka solidaria con los -y las- 15 valientes socialistas que votaron ‘no’ en la definitiva sesión de investidura. Y si acaso, doy algún pasito que otro con quienes se abstuvieron bajo la fórmula ‘por imperativo’. 15 valientes que sabían muy bien lo que se jugaban para su futuro dentro del partido, pero que mantuvieron limpia su hoja ética de servicios. Fuerza y honor, que dirían en ‘Gladiator’.

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