SERPIENTES DE VERANO

Folguemos pues

No se me exciten los puristas con eso de folgar, en su acepción más carnal -que también es una actividad muy veraniega-, sino toménselo en su variante más estival, la de dedicar el ferragosto a tocarse las narices como actividad principal y que no produce sudor alguno.

Y esto, que siempre ha sido mi ideal de vida, debe tener también su manifestación escrita, dedicada hasta septiembre a contar lo que me salga de la meninge, sin necesidad de estar sujeto a la cruda realidad del curso político que ayer cerró Rajoy con su “Lo recuerdo perfectamente”. O sea, nada. Otro que tal fuelga.

El verano debería dedicarse exclusivamente a observar pamelas, escotes, barrigas, pareos o bragas naúticas, familias cargadas como si mudaran de casa, tarteras y neveras, niños y niñas chupando polos hasta el desastre y restos de sandía. Un deporte que debe practicarse siempre a la sombra, con unas buenas gafas de sol y una birra sobre la mesa, que no en la mano porque se calienta.

Y la playa, ni pisarla, que tiene arena ¿Para qué me compré entonces una vivienda en la playa, en la que habito todo el año? Para ver el mar, cuyos colores, cabriolas, sonidos, calmas o temporales, funcionan mejor que esos ansiolíticos que la farmacopea nos ofrece para soportar la vida sin tirarnos por la ventana. O para observar la arena y las dunas -“montanyasos”, dicen por aquí-, que parecen tener vida propia según se comporten las mareas o hasta cuanto sople el viento.

Yo es que soy más de terracita. Y en una de ellas paso cada día del año -menos los lunes, que cierran-, da igual que sea invierno o verano, armado con mis necesarios trastos para practicar durante las horas del mediodía el “dolce far niente”, la ociosidad para los que no hablan italiano o no vieron aquellas maravillosas películas del neorrealismo, que de manera tan agria como fascinante nos mostró el arte de ver la vida pasar, activando mente y cuerpo sólo en las ocasiones en que había algo que pescar.

Así, mira que te mira, observando y desdibujando la realidad a mi antojo, iré contando lo que se me ocurra y cuando me apetezca. Feliz verano, amigos y amigas. Y folgad, que es muy sano.

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