LO QUE HAY

El mensaje de los votantes

Por muy irresponsables y enloquecidos que parezcan los sufragios o la abstención de muchos votantes, todos los llamados a cualquier elección enviamos un claro mensaje a la ciudadanía.

Por eso -yendo al grano sin más dilación- reconozco que se me revuelve el estómago cuando escucho que los cuatrocientos mil votantes a la extrema derecha en Andalucía no tienen por qué ser todos fascistas, o que la reaparición de la serpiente en España era de esperar viendo lo que sucede en el resto de Europa.

De igual manera, me echo las manos a la cabeza cuando se excusa la debacle socialista en Andalucía por las componendas de Sánchez con los separatistas catalanes.

El desastre andaluz del PSOE se lo ha ganado a pulso el propio partido, incapaz durante los treinta y seis años que se ha mantenido en el poder de sacar adelante a un pueblo que supone casi la cuarta parte de la ciudadanía española. Ni la lucha contra el paro, ni la educación, ni la industrialización, ni la redención de la zonas de mayor miseria de esa comunidad autónoma -me basta con el ejemplo de la Línea-, se han resuelto con una mínima eficiencia, sustituyendo las necesarias estrategias políticas y acciones de gobierno por un clientelismo en forma de subsidios que ha durado demasiado tiempo para ser entendido como una solución de justicia.

No debe extrañarnos pues, con este simple par de ejemplos, que los andaluces hayan reaccionado de la manera que lo han hecho en sus recientes elecciones autonómicas.

Una gran bolsa de abstencionistas de izquierda han vuelto la espalda a los socialistas, hartos ya de tanta mamandurria e ineficacia, así como desencantados con una Susana Díaz -que tendría que haber dimitido de inmediato- cuya triunfalista campaña no contenía la más mínima propuesta de gobierno.

Y otra gran cantidad de andaluces han optado por votar a la derecha más reaccionaria, dando así un gigantesco paso atrás que hace buenos al “carnicerito de Málaga”, al asesino Queipo de LLano, o a las malas prácticas de los señoritos y sus caballos.

Estos y otros más son mensajes claros de los votantes, que bajo su responsabilidad han provocado este brutal cambio en una de las tierras más atrasadas de nuestro país, abriendo así la posibilidad de pandemia en todo el Estado.

Así que menos lloros y más resistencia ante lo que se nos viene encima: España, desde ayer, ha dejado de ser como un toro, para empezar a parecerse a un cangrejo.

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