LO QUE HAY

Zoido y sus antecesores

Tras las escandalosas declaraciones del actual ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, culpando a las ONG que libran sus batallas diarias para salvar vidas en el Mediterráneo de provocar el efecto llamada a los migrantes provenientes de África, me han venido a la memoria sus antecesores desde la transición democrática. Una lista en la que salvo pocas y honrosas excepciones, se encuentran nombres que asustan ¿Será cosa del cargo?

No los citaré a todos, pues algunos tuvieron la suerte o la habibilidad de pasar desapercibidos, pero sí a la mayoría, empezando por Fraga, aquel de “La calle es mía” y que venía del último gobierno franquista y sus postreras penas de muerte.

Le sucedió Martín Villa, también franquista de pro, responsable entre otras lindezas de los sucesos de Vitoria, en el que la policía a su cargo asesinó a cinco huelguistas e hirió a otros 150; el mismo que condecoró al tenebroso torturador “Billy el Niño”; y que ahora ha recibido una inmerecida medalla por su colaboración a la democracia de manos de Felipe VI.

Llegó pronto Juan José Rosón, quien para no renunciar a su pasado franquista como todos sus predecesores, fue el responsable del caso Almería, en el que tres sospechosos de pertenecer a ETA fueron torturados hasta la muerte. No obstante, Rosón tuvo la habilidad de pactar con aquella ETA político militar -los polimilis-, cuyos integrantes dejaron las armas y se integraron en la sociedad civil con diversas suertes.

Le sucedió Barrionuevo, el bruto socialista de espumarajos en la boca cuando se cabreaba. El primer ministro del Interior proveniente de la izquierda, implicado no obstante hasta las cachas en la creación de los asesinos GAL y en la utilización torticera e ilegal de fondos públicos, hechos por los que fue condenado y encarcelado.

Tras ese bruto, llegó otro que lo era aún más, Corcuera, electricista de izquierdas y autor de la famosa e ilegítima ley de la “patada en la puerta”, aunque sus manos no parecen estar manchadas de sangre.

Y llegó Antoni Asunción, el ministro socialista que tuvo la honra de dimitir cuando se le escapó el entonces director de la Guardia Civil Luis Roldán, que se fue con una pasta gansa, relacionada entre otros delitos de corrupción con la compra de munición defectuosa para el cuerpo que dirigía.

Me salto a Juan Alberto Belloch y a Jaime Mayor Oreja -primer ministro del Interior en un gobierno del PP-, para llegar a Mariano Rajoy, que ocupó el cargo con Aznar y del que todos conocemos su perfil. Rajoy, en esa etapa, alcanzó tantos éxitos organizando campañas electorales de su partido como luchando contra ETA, aunque lo primero abriera la puerta a casos como Gürtel.

Tras Rajoy, llegó al cargo su compañero de filas Ángel Acebes, puesto en el que lo más destacable fuera su empecinada acusación a ETA de los terribles atentados del 11-M. Empecinamiento apoyado por otros cargos políticos y medios de comunicación que le costó las elecciones al PP de entonces.

También me salto al honorable y ya fallecido José Antonio Alonso, ministro del ramo con Zapatero, para detenerme un momento en el ínclito Rubalcaba, quien le sucedió en el cargo. Este astuto estratega político, lideró el fin de ETA a base de negociaciones, siempre vituperadas por la oposición, y consintió sin cargas policiales los gloriosos días del 15-M en la Puerta del Sol de Madrid, hechos que le honran, aunque las muchas maniobras subterráneas durante su mandato en el ministerio -nunca demostradas- manchan su hoja de servicios.

Me salto a Antonio Camacho “El breve”, pues el PSOE perdió inmediatamente las elecciones en medio de la dolorosa y aún no terminada crisis económica, para llegar al muy cristiano y conservador Fernández Díaz. El que se convirtió en un viaje a Las Vegas; el que impuso una medalla a una estatua de madera -por mucho que representara a la mismísima virgen-; el promotor de la antidemocrática “Ley Mordaza”; y el pillado con grabaciones mientras conspiraba contra rivales políticos.

Y así hasta el actual, Zoido, el que como tantos otros colegas de la Unión Europea, niega el pan y la sal a los que huyen del hambre y de la guerra en Africa. El que echa ahora a culpa de tanta cantidad de migrantes a las organizaciones privadas que les libran de morir ahogados.

Qué cargo más ingrato y poco reconocido el de ministro del Interior, al que suelen acudir los personajes más estrafalarios o tenebrosos, para cometer locuras e injusticias en nombre de nuestra seguridad.

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LA YENKA

Amenaza la Cospedal

DERECHA. Bailo hoy una Yenka insumisa con Mª Dolores de Cospedal, que perteneciente a un gobierno incapaz de resolver con el diálogo y las negociaciones el problema de Cataluña, sólo se le ocurre amenazar veladamente a sus ciudadanos con echarles encima a los ejércitos, por tierra, mar y aire ¡Más madera, es la guerra!

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Mi lado femenino

De Suecia a San Fermín

Las violaciones a mujeres siguen siendo una más de las lacras que constituyen la violencia de género. Y lo que más sorprende ya no es que se produzcan en países subdesarrollados en los que la vida de una mujer no vale nada, sino que en los países más avanzados de la Unión Europea se sigan produciendo con la excusa de la fiesta.

De hecho, ha producido una especial alarma los sucesos producidos en la localidad sueca de Norrköping. Allí, durante las últimas dos ediciones del festival de música Bravalla, han tenido lugar violaciones y agresiones sexuales en tal cantidad que la entidad organizadora ha decidido suspender la edición del próximo año.

Y es que en ese culto y sociabilizado país, en el que también hay hombres que no aman a las mujeres, el desprecio por estas y el sadismo de las agresiones ha llegado a ser protagonista de series literarias como la saga Millenium, lo que nos lleva a concluir que el machismo salvaje es mucho más que una cuestión cultural o una herencia ancestral aún no superada. Se trata, más bien de una actitud antisocial -cuando no un psicopatía- que la falta de autocontrol no consigue dominar. Y esto es un problema de más difícil solución, que seguramente sólo podrá evitarse con la represión policial y con abultadas penas de cárcel.

Y precisamente hoy, día del chupinazo de San Fermín, me bajo de Escandinavia a Pamplona, no sin recordar la brutal violación producida el pasado año por los cinco de La Manada.

Este año, al menos hasta ahora, lo que más ha trascendido de los días previos a la fiesta pamplonesa ha sido el cúmulo de manifestaciones, pancartas y recomendaciones policiales para prevenir las violaciones, agresiones sexuales y miles de tocamientos que se suceden habitualmente en fiestas tan masificadas y alcohólicas como estas.

De hecho, ya hace algunos años que la gente de Pamplona se echa a la calle para exigir que paren estas vejaciones y para recodar que “No es no”.

Aún así, muy difícil tarea nos espera a los ciudadanos que estamos contra el machismo y a las ciudadanas que las sufren, activistas, medios de comunicación, fuerzas del orden, fiscales y jueces. Se requiere, más que nunca, que presionemos en toda la cancha.

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LA YENKA

La nueva clase tecnológica

ADELANTE. Bailo hoy una Yenka dubitativa con todas aquellas personas que están por el avance tecnológico. Y dudo, porque tengo la mosca tras la oreja con esos nuevos voceros de la tecnología que ya aseguran que las máquinas resuelven muchos más diagnósticos y soluciones que los científicos más avanzados. Se está creando así una nueva clase social, la tecnológica, en la que los ingenieros pretenden sustituir a médicos, arquitectos, estrategas y otros pensadores creativos. Unos nuevos tecnólogos que se están arrogando el mérito del desarrollo humano, hecho a mano por robots.

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LO QUE HAY

Competitividad ful

Durante estos días en los que las tan cacareadas pensiones vuelven a salir a la palestra, por el crédito que ha tenido que pedir el ministerio del ramo para pagar la extra, se repite hasta la saciedad que el problema español no es de gasto sino de ingresos, insuficientes para las cuentas de la Seguridad Social.

Y los que desde el gobierno central apoyan estas y otras tesis macroeconómicas, son aquellos que han devaluado y precarizado los salarios en aras de la competitividad. Los mismos que, carentes de ideas, han apostado porque nuestras ventajas comerciales se sustenten en precios bajos, olvidando torticeramente que esa ilusa superioridad es efímera, porque siempre habrá alguien más barato.

Son también los mismos que han abanderado esta falsa competitividad y el desigual crecimiento económico, condenando a España con impresentables bolsas de paro y pobreza.

Para un país avanzado como pretende ser el nuestro, la competitividad se sustenta en el la búsqueda de estrategias y metodologías que procuren el incremento de los ingresos y, sobre todo, de los márgenes comerciales. Y eso no se consigue renunciando a la creatividad ni reduciendo los costes como principal medida. Eso es hambre para hoy y mayor miseria para mañana.

Salvo honrosas excepciones, España tiene un tejido productivo sustentado principalmente en los servicios banales -a precios que los españoles y los extranjeros de medio pelo que nos visitan puedan pagar-; en las pymes mayoritariamente pertenecientes a sectores tradicionales con escasa diferenciación; y en grandes empresas protegidas por el fisco para que paguen lo mínimo posible a las arcas del Estado. Esta es la cruda realidad que, hoy por hoy, impide el crecimiento de los ingresos.

A este duro pero realista panorama, se suma un presente continuo tecnológico que ya está cambiando a nivel mundial el panorama productivo y laboral. El trabajo, tal y como hasta ahora lo hemos conocido, no es que tenga las horas contadas; es que ya está desapareciendo y sin vuelta atrás, a no ser que un cataclismo mundial o una gran guerra nos obligue a empezar de nuevo con el sudor de nuestra frente.

Se hace pues necesario que la política estatal se oriente a los dos grandes paradigmas que hoy definen las causas y los efectos de la competitividad auténtica, la que genera riqueza.

En primer lugar, todo aquel país que no se esfuerce realmente por incrementar al máximo sus capacidades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), se verán indefectiblemente condenados al fracaso y a la dependencia de los precios bajos, alargando la agonía. Es pues imprescindible que en España se apueste lo antes posible por el valor añadido que la innovación produce, con todos los apoyos del Estado que sean necesarios, pues a todos nos implica este relevante decisión.

Y en segundo lugar, el Estado debe ser tamnién consciente y reconocer que el paro convencional -el resultante del cierre de las empresas insostenibles o del descenso de puestos de trabajo causado por los avances tecnológicos- no tiene apenas solución, haciendo necesarias nuevas políticas sociales encaminadas a la cobertura digna de las necesidades básicas de la ciudadanía menos favorecida. Una decisión política que responda con eficacia a una problemática que aventuro ya como definitiva porque es estructural y creciente, aunque las cifras del paro nos hagan chiribitas con lo contrario.

Estas dos grandes políticas no son de derecha ni de izquierda. Son, simplemente, de sentido común. Así, encontramos países gobernados por conservadores -civilizados y modernos, eso sí- que ya están adoptando desde hace décadas la innovación y ensayando en los últimos tiempos las medidas sociales de futuro para hacer frente a tanto paro como el ya generado o por venir.

No debemos olvidar esas honrosas excepciones empresariales españolas, como tampoco que, en lineas generales, España es un país cada vez más embrutecido y orientado al corto plazo ante la carencia de ideas. Ese corto plazo que sólo busca el negocio que produzca beneficios inmediatos y que olvida históricamente que avanzar cuesta esfuerzo, dinero y dedicación, mucha dedicación.

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