LO QUE HAY

Competitividad ful

Durante estos días en los que las tan cacareadas pensiones vuelven a salir a la palestra, por el crédito que ha tenido que pedir el ministerio del ramo para pagar la extra, se repite hasta la saciedad que el problema español no es de gasto sino de ingresos, insuficientes para las cuentas de la Seguridad Social.

Y los que desde el gobierno central apoyan estas y otras tesis macroeconómicas, son aquellos que han devaluado y precarizado los salarios en aras de la competitividad. Los mismos que, carentes de ideas, han apostado porque nuestras ventajas comerciales se sustenten en precios bajos, olvidando torticeramente que esa ilusa superioridad es efímera, porque siempre habrá alguien más barato.

Son también los mismos que han abanderado esta falsa competitividad y el desigual crecimiento económico, condenando a España con impresentables bolsas de paro y pobreza.

Para un país avanzado como pretende ser el nuestro, la competitividad se sustenta en el la búsqueda de estrategias y metodologías que procuren el incremento de los ingresos y, sobre todo, de los márgenes comerciales. Y eso no se consigue renunciando a la creatividad ni reduciendo los costes como principal medida. Eso es hambre para hoy y mayor miseria para mañana.

Salvo honrosas excepciones, España tiene un tejido productivo sustentado principalmente en los servicios banales -a precios que los españoles y los extranjeros de medio pelo que nos visitan puedan pagar-; en las pymes mayoritariamente pertenecientes a sectores tradicionales con escasa diferenciación; y en grandes empresas protegidas por el fisco para que paguen lo mínimo posible a las arcas del Estado. Esta es la cruda realidad que, hoy por hoy, impide el crecimiento de los ingresos.

A este duro pero realista panorama, se suma un presente continuo tecnológico que ya está cambiando a nivel mundial el panorama productivo y laboral. El trabajo, tal y como hasta ahora lo hemos conocido, no es que tenga las horas contadas; es que ya está desapareciendo y sin vuelta atrás, a no ser que un cataclismo mundial o una gran guerra nos obligue a empezar de nuevo con el sudor de nuestra frente.

Se hace pues necesario que la política estatal se oriente a los dos grandes paradigmas que hoy definen las causas y los efectos de la competitividad auténtica, la que genera riqueza.

En primer lugar, todo aquel país que no se esfuerce realmente por incrementar al máximo sus capacidades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), se verán indefectiblemente condenados al fracaso y a la dependencia de los precios bajos, alargando la agonía. Es pues imprescindible que en España se apueste lo antes posible por el valor añadido que la innovación produce, con todos los apoyos del Estado que sean necesarios, pues a todos nos implica este relevante decisión.

Y en segundo lugar, el Estado debe ser tamnién consciente y reconocer que el paro convencional -el resultante del cierre de las empresas insostenibles o del descenso de puestos de trabajo causado por los avances tecnológicos- no tiene apenas solución, haciendo necesarias nuevas políticas sociales encaminadas a la cobertura digna de las necesidades básicas de la ciudadanía menos favorecida. Una decisión política que responda con eficacia a una problemática que aventuro ya como definitiva porque es estructural y creciente, aunque las cifras del paro nos hagan chiribitas con lo contrario.

Estas dos grandes políticas no son de derecha ni de izquierda. Son, simplemente, de sentido común. Así, encontramos países gobernados por conservadores -civilizados y modernos, eso sí- que ya están adoptando desde hace décadas la innovación y ensayando en los últimos tiempos las medidas sociales de futuro para hacer frente a tanto paro como el ya generado o por venir.

No debemos olvidar esas honrosas excepciones empresariales españolas, como tampoco que, en lineas generales, España es un país cada vez más embrutecido y orientado al corto plazo ante la carencia de ideas. Ese corto plazo que sólo busca el negocio que produzca beneficios inmediatos y que olvida históricamente que avanzar cuesta esfuerzo, dinero y dedicación, mucha dedicación.

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