FILOSOFÍA IMPURA

40 años votando

Hoy hace 40 años de aquel días maravilloso en el que los españoles pudimos volver a votar, por primera vez desde la dictadura. Un día emocionante.

Sin nostalgia alguna, no puedo evitar que en mi memoria se proyecten recuerdos de aquel magnífico día; sentimientos imborrables a la par que extraños.

Curiosamente, lo que más recuerdo es la inmensa tarea de la imprenta con la que entonces tenía una profunda relación. Una tarea brutal, porque habían ganado el concurso del gobierno civil de la época para imprimir los millones de papeletas de la circunscripción provincial de Valencia. Y como consecuencia de aquello, todos los partidos y asociaciones políticas que se presentaban a las elecciones fueron a la misma imprenta, para que les editaran sus propias papeletas -las de los primeros envíos propagandísticos a los hogares- a un precio más competitivo ya que sólo se requería incrementar las tiradas.

Y así, desfilaron por allí representantes de organizaciones de todo pelaje y color, desde la UCD hasta el PSOE, desde Alianza Popular o Fuerza Nueva al Partido Comunista.

Y a todos, dada la bisoñez organizativa y la falta de estructura organizativa de los partidos de entonces, se les requería el pago al contado contra la entrega de la mercancía, ineludiblemente.

Aún recuerdo al apoderado de la imprenta yendo a cobrar o conformar con urgencia los distintos cheques recibidos. Aventura de carreras que sólo tuvo una incidencia: el talón -que así se llamaban entonces aquellos documentos de pago- de Fuerza Nueva. Fue a cobrarlo a la entonces central de la Caja de Ahorros de Valencia -más tarde Bancaja y finalmente Bankia- donde le dijeron que en esa cuenta no habían fondos pero que esperara.

Pasadas de largo las dos de la tarde, hora de cierre de las ventanillas, el apoderado de la imprenta aún seguía esperando, hasta que al cabo de un buen rato apareció un alto directivo de la entidad, con un cheque de la propia caja de ahorros que le cambió por el talón impagado.

Esa situación tan pintoresca y simultáneamente tan significativa, es el principal de mis recuerdos de aquel feliz día 15 de junio de 1977. Todos los demás, pues los normales. El gusanillo en la barriga por aquella primera experiencia vital, la emoción por poder participar y, nunca lo olvidaré, una cierta desconfianza ante la facilidad con que estaba discurriendo el nuevo proceso democrático.

Ese mosqueo político, tan compartido entonces como ahora, encuentra alguna explicación en la filosofía, por muy impura que esta resulte cuando yo la utilizo.
Porque partíamos de una larguísima crisis de confianza en las instituciones del Estado. Los múltiples escándalos de corrupción que ya entonces salpicaban a la vida política, la imposición de la una monarquía nombrada a dedo, así como un sentimiento de desconfianza en el Gobierno, la banca y la imparcialidad del poder judicial, afectaban, como ahora, a la imagen y la reputación de todas estas instituciones. Estas fueron, son y serán, las principales preocupaciones de la filosofía política que se sustenta fundamentalmente en el estudio de la causas que generan democracia auténtica o desconfianza (Mi agradecimiento de hoy a la publicación digital COMEIN, de la que he extraído algunas de mis necesarias notas).

En cualquier caso, ese día glorioso del que hoy celebramos el 40º aniversario, abrió la puerta a una nueva sociedad, en la que unos mejor que otros, convivimos por fin en paz. Pero es tanto lo que aún queda por hacer…

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