LO QUE HAY

Refugiados bajo cero

No. No basta con ver por la televisión a los miles de refugiados atenazados por la actual ola de frío que recorre Europa. Ni saber que están a 15 o 20º bajo cero. Ni verlos sin dormir por temor a morir congelados, mientras se arremolinan alrededor de cualquier improvisada hoguera. Hay que denunciarlo masivamente, con toda la fuerza de que seamos capaces.

A la vista de los reportajes sobre esta catástrofe humanitaria, se acrecienta la indignación al mismo ritmo que se va acumulando, más y más, la capa de nieve sobre las precarias tiendas de campaña. Se hace muy duro sentirse cómplice de que niños, mujeres y ancianos, permanezcan en el interior de esas trampas heladas, en las que el barro hace aún más insoportable lo que el viento siberiano y la nieve ya destroza a estos desgraciados por fuera y por dentro.

Sorprendentemente no se publican cifras de muertos por congelación, por enfermedades pulmonares o de otra índole. Únicamente llegan noticias genéricas sobre fallecidos por hipotermia. Pero antes o después se conocerán y caerán sobre nuestras conciencias, por muy endurecidas que estas se encuentren ante la costumbre de observar desde la barrera tanta desgracia.

Y son muchos y variados los principales responsables. Como una Unión Europea que se sigue llamando andana en el reparto de la acogida de refugiados que dictó en su día, y que dominada por una Alemania con elecciones generales a la vista, prefiere obtener el beneficio partidista a salvar la vida de tantos seres humanos que han venido huyendo de la muerte, para probablemente encontrarla aquí.

Francia y Holanda, que al igual que Alemania se enfrentan este año a decisivas convocatorias electorales, también le hacen el juego a la ultraderecha de sus respectivos países, con tal de no perder votos populares de los ciudadanos insolidarios.

Mientras tanto, gobiernos como los de Grecia, Serbia o Bulgaria, atenazan a los refugiados en pésimas condiciones de vida -nunca fue tan duro utilizar un eufemismo-, presos en campamentos inmundos y helados en los que solo las ONG pueden hacer algo por ayudarles a mantener la supervivencia.

Estas pésimas noticias, que solo desvelan en parte los sufrimientos que se abaten sobre los refugiados presentes en Europa, revelan con toda su dureza la inacción de los partidos conservadores y socialdemócratas, que un día significaron la esperanza de gran parte de Occidente. Pero que hoy, perdidas sus esencias y hundidos en el más criminal neoliberalismo, deben ser acusados de complicidad con esta lacra de lesa humanidad que están generando.

Toda una cantidad ingente de políticos, que están perdiendo fuelle frente a los partidos y otras organizaciones que están reviviendo el nazismo, se encuentran asustados porque la serpiente está rompiendo otra vez el huevo del que nunca debió salir. Y ahora intentan defenderse comportándose con un conservadurismo desmedido que pueda sustituir a esa ultraderecha que les amenaza tan directamente. Cuando en realidad la han provocado ellos mismos con su autocomplacencia y con una nefasta relajación de sus ideologías originales.

A este paso, estar bajo cero como esos refugiados en riesgo de muerte se convertirá en un hecho generalizado en una Europa desigual, con una creciente cantidad de pobres abandonados a su suerte. Y nosotros, los espectadores que, como mucho, soltamos alguna lágrima ante tanta desgracia humanitaria, nos arrepentiremos de no haber evolucionado como seres humanos justos y valientes. Los pies que no paremos ahora, serán las botas que nos aplastarán mañana.

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