LO QUE HAY

Nubarrones

Se han desplomado los cielos sobre nuestras cabezas, con vientos huracanados, mar brava, brutales tormentas e inundaciones. Y muertos, por accidente o por imprudencia. Y todo esto, que resulta una excepción, bien pareciera un aviso apocalíptico de los cuatro días que nos están conmoviendo, una vez más, por su extrema violencia.

Cuatro días de angustia por un nuevo repunte de la violencia de género, que en esta ocasión se ha llevado por delante a cuatro mujeres españolas de una tacada. Y, excepto algún minuto de silencio o una reacción tardía de la ministra del ramo, los poderes de nuestro país siguen sin reaccionar. Los unos por falta de auténtica voluntad política para acabar con esta lacra. Los otros por falta de medios para actuar con la mínima eficiencia necesaria. Y la prensa -¡Ay, la prensa!- escondiendo estas lamentables noticias porque vender, no venden.

Cuatro malditos días en los que hemos sido testigos del sufrimiento de los habitantes de Alepo, en sus múltiples intentos de huida de una muerte segura. Hoy sí, mañana no, luego ya veremos, seres humanos tratados como marionetas inservibles por unos países que han negociado y renegociado salvar a miles de inocentes, mientras las bombas seguían cayendo sobre ellos ¡Los niños, qué culpa tienen! Y en esto, un policía turco, afín a los rebeldes sirios, se harta, le da un pasmo y se lía a tiros en una fiesta, cargándose al embajador de Rusia. Venganza hasta la locura, o hasta el hartazgo de su moral.

Cuatro días negros como el camión que ayer se precipitó sobre un mercadillo navideño en Berlín, con un terrorista al volante y el conductor legal del camión asesinado y sentado cual tétrico acompañante. Más de 12 muertos se ccntabilizan ya tras este nuevo atentado, que también ha dejado decenas de heridos. Un atentado que canallas como los neonazis alemanes han aprovechado titulándolo repugnantemente, con fines electoralistas, como “Los muertos de Merkel”.

Sí, nubarrones que nada bueno presagian, mientras el terror campa a sus anchas contra nuestras mujeres o contra todo inocente al que le toque la bola negra de este macabro sorteo. Muertos y más muertos, sin culpa alguna, que se encuentran indefensos ante las neuras y las ambiciones de tanto canalla.

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