LO QUE HAY

Trampas con la educación

Tras la reunión mantenida ayer entre el ministro de Educación y los consejeros homónimos de las comunidades autónomas -menos Cataluña, que no asistió-, quedaron definitivamente olvidadas las reválidas contempladas en la LOMCE, así como se pactó volver a la selectividad.

Y se permitió afirmar el ministro Méndez de Vigo que, nada más y nada menos, se estaba consiguiendo un pacto por la educación que podría durar al menos 15 años.

Pero las realidades, tozudas como siempre, son bien distintas. La LOMCE ha sido derogada por la mayoría del Congreso de los Diputados, aunque el gobierno central ha salido rápidamente a la palestra para amenazar con aplicar la ley que impide aplicar cambios legislativos que puedan suponer una partida presupuestaria no prevista.

Y así, entre unos y otros, la casa de la educación sigue sin barrer, a pesar de la gran cantidad de pelusas acumuladas. Baste con acudir al informe TIMSS -publicado hoy mismo- que recoge las tendencias del rendimiento de los estudios de matemáticas y ciencias en los diferentes países investigados. España, aún habiendo mejorado un poco, sigue claramente por debajo de la media de la UE y de la OCDE.

Dejaré para otra ocasión las obviedades que relacionan el nivel educacional con el futuro del país o con la cultura necesaria para obtener espíritu crítico. Ya las conocemos de memoria.

Pero sí es necesario insistir hasta la saciedad que España necesita con urgencia un plan de estudios para nuestros hijos que garantice, al menos, tres aspectos fundamentales: obtener conocimientos académicos necesarios; aprender a resolver situaciones básicas para defenderse en la vida, como los derechos y obligaciones, la economía básica y otras cuestiones domésticas; y educar las mentes en aquellos aspectos culturales que nos hacen pensar más y mejor, así como a convivir con los demás en absoluta tolerancia.

Estas metas estratégicas son las que deberían primar, por encima de todo, cualquier nuevo plan de educación, porque de lo contrario seguiremos lanzando a la sociedad a millones de jóvenes embrutecidos por una gran cantidad de carencias vitales, además de analfabetos funcionales en los aspectos más básicos para debatirse en la sociedad moderna.

Y como todo buen plan, debería empezar su diseño planteando los principios humanos y éticos -exentos de toda moral tendenciosa, que debería quedar en su caso en el terreno personal -, así como los valores compartidos que deben regir una sociedad avanzada, cosmopolita y solidaria.

Ya vendrán después los técnicos a debatir las cuestiones tácticas y técnicas, siempre que respeten las lineas generales necesarias para un plan de educación justo, igualitario y duradero. Todo los demás, son las trampas de siempre. Las que nos abocan al fracaso.

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