SERPIENTES DE VERANO

El fúrbol es asín

Tranquis. A mí tampoco me suliveya el fútbol. Por eso me da tanta morcilla que ni en vacaciones dejen sus protas de dar la vara con tanta mandanga.

Y siguen en la palestra -muy a pesar mío- por cuestiones de pasta, provocando escándalos que consiguen trepar en las listas de “Trending Topic”, muy por encima de otros temas sociales que deberían obtener un mayor interés. Pero entonces esto no sería España ni estaríamos en verano.

El narcisista -puede que hasta la psicopatía- Cristiano, se defiende de su imputación por presunto fraude fiscal, declarándose luciérnaga, o sea bicho con luz propia, a cuyo brillo acuden todo tipo de depredadores, chupasangres y oros mortales de mierda.

Este Ronaldo -que no el otro- parece estar como una cabra, pues sólo así se entiende que se declarara en su día como rico, guapo y buen jugador. O que su empresa de comunicación preparara un auténtico escenario a la salida del juzgado, que ni en las mejores verbenas, para que el divo acabara haciéndose un Justin Bieber y dejara a la prensa venida de todo el mundo con un palmo de narices. Caza de brujas, se limitó a decir horas más tarde.

Mientras tanto el crío Neymar -cuyo padre le explota como si no hubiera un mañana- se marcha a Paría en medio de una operación financiera, aún sin resolver, de esas que harán historia por su monto y por la oscuridad del trapicheo que se ve venir. Acabaremos riéndonos de la patraña que significó su fichaje por el Barça cuando conozcamos finalmente de lo que es capaz la mafia del fútbol en casos como este.

Y qué decir del amo del villarato, que ha pasado unos días en la concurrida de VIP prisión de Soto del Real, investigado por todo tipo de tejemanejes en la Federación Española de Fúrbol, como el pronuncia impenitentemente. Y ha tenido que ser otro personaje de pro, el patadón Javier Clemente, quien haya puesto parte o toda la pasta para que Villar y sus más directos cortesanos pudieran pagar la fianza.

Y como “el fúrbol es asín”, se ha convertido en la principal serpiente de este verano, a fata de que alguien más sensato que yo opine en profundidad sobre asuntos como los ataques al turismo de Arran, o por qué ya casi no se ven los posados estivales, que tanto jolgorio producen.

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Folguemos pues

No se me exciten los puristas con eso de folgar, en su acepción más carnal -que también es una actividad muy veraniega-, sino toménselo en su variante más estival, la de dedicar el ferragosto a tocarse las narices como actividad principal y que no produce sudor alguno.

Y esto, que siempre ha sido mi ideal de vida, debe tener también su manifestación escrita, dedicada hasta septiembre a contar lo que me salga de la meninge, sin necesidad de estar sujeto a la cruda realidad del curso político que ayer cerró Rajoy con su “Lo recuerdo perfectamente”. O sea, nada. Otro que tal fuelga.

El verano debería dedicarse exclusivamente a observar pamelas, escotes, barrigas, pareos o bragas naúticas, familias cargadas como si mudaran de casa, tarteras y neveras, niños y niñas chupando polos hasta el desastre y restos de sandía. Un deporte que debe practicarse siempre a la sombra, con unas buenas gafas de sol y una birra sobre la mesa, que no en la mano porque se calienta.

Y la playa, ni pisarla, que tiene arena ¿Para qué me compré entonces una vivienda en la playa, en la que habito todo el año? Para ver el mar, cuyos colores, cabriolas, sonidos, calmas o temporales, funcionan mejor que esos ansiolíticos que la farmacopea nos ofrece para soportar la vida sin tirarnos por la ventana. O para observar la arena y las dunas -“montanyasos”, dicen por aquí-, que parecen tener vida propia según se comporten las mareas o hasta cuanto sople el viento.

Yo es que soy más de terracita. Y en una de ellas paso cada día del año -menos los lunes, que cierran-, da igual que sea invierno o verano, armado con mis necesarios trastos para practicar durante las horas del mediodía el “dolce far niente”, la ociosidad para los que no hablan italiano o no vieron aquellas maravillosas películas del neorrealismo, que de manera tan agria como fascinante nos mostró el arte de ver la vida pasar, activando mente y cuerpo sólo en las ocasiones en que había algo que pescar.

Así, mira que te mira, observando y desdibujando la realidad a mi antojo, iré contando lo que se me ocurra y cuando me apetezca. Feliz verano, amigos y amigas. Y folgad, que es muy sano.

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